Creencia de que el amor romántico sólo puede sentirse por una única persona (al mismo tiempo)
Cómo puedes querer dos mujeres a la vez y no estar loco ...
Corazón Loco
Antonio Machín
Con esta contundente sentencia, el cantante cubano condenó a media humanidad al manicomio. Porque si algo ha predominado durante la evolución de la especie humana ha sido la poligamia. Más la poliginia (un hombre con varias mujeres) que la poliandria (una mujer con varios hombres).
Estas relaciones fueron tan satisfactorias como lo podían ser en la monógama Europa de su época. Y los hombres y las mujeres se querían entre ellos tanto como en las parejas supuestamente exclusivas del viejo continente.
En esta época de revisionismo, algunos antropólogos pretenden hacernos creer que la especie humana es monógama por naturaleza y que, pese a lo que los propios afectados declaran, siempre existe la pareja. Armados de un amorómetro - cuya naturaleza técnica desconozco pero de gran eficacia según parece - siempre se tiene una relación más profunda con una de las mujeres – o de los hombres – que forman el harén.
Esto, aunque pueda parecer osado, me recuerda a mi infancia. En una ocasión, una señora de cuyo nombre no quiero acordarme, me preguntó lo siguiente: ¿A quién quieres más a Papá o a Mamá? Y yo respondí: A los dos. No satisfecha con la respuesta continuó el interrogatorio. “No, seguro que quieres a uno más que al otro” y yo volví a responder “no los quiero a los dos por igual”. Pero aquella señora volvió a la carga e insistió en la pregunta. A esas edades uno carece de las dotes oratorias necesarias para replicar a tal insistencia, así que decidí dejarla plantada y volver a jugar con mis madelman. Porque en realidad me hubiera gustado decirle: “Váyase usted a la mierda”.
Desde pequeños nos estimulan de forma constante a preferir una sola persona entre todas. En desear una unión trascendente, eterna y exclusiva en el seno de la pareja. Nos dicen insistentemente que algún día conseguiremos una unión tan fuerte que no desearemos estar con nadie más.
Esto lleva a los miembros de muchas parejas a aislarse de la familia y de los amigos. Un hecho nada reprobado y frecuentemente utilizado como prueba de amor verdadero. Pero la idealización de la exclusividad en la pareja tiene efectos muy negativos. Efectos de los que nadie advierte.
Según Serge Chaumier, autor de “El nuevo arte de amar” 1, la pareja – o cualquier tipo de relación entre personas. Esto es aportación mía - no puede escapar al segundo principio de la termodinámica. Como todo ente vivo necesita aporte constante de materia y energía. Si la cerramos al mundo exterior, deja de respirar y muere.
La muerte a largo plazo de las relaciones entre las personas es, muchas veces, consecuencia directa de la búsqueda del Santo Grial de la exclusividad. Se cierra la pareja, se buscan todas las gratificaciones dentro de ella y, con el tiempo, aquello se convierte en un esqueleto.
Actualmente ha habido un cambio en el discurso. Muchos manuales de autoayuda insisten en la necesidad de mantener y cultivar las amistades después de formar una pareja. Sin embargo estas relaciones deben mantener una distancia, no salirse de madre, nuca ser eróticas y mucho menos eroticoafectivas.
Cuando esto se da, por accidente o por voluntad, uno debe elegir entre quien conoce profundamente y quien está empezando a conocer. Si no se decide o es inmaduro, o tiene un problema psicológico o simplemente es un caradura.
Una persona que se atreva a declarar públicamente su amor por dos o más de sus congéneres es considerado un hereje. Consiguiendo que el Sanedrin de la Psicología se rasgue las vestiduras.
El Virus Romántico aprovecha toda esta coyuntura para colonizar nuestra mente pudiendo producir dos actitudes igualmente estúpidas. O bien refuerza la idea de profundizar en la relación a partir de aislarla del resto del mundo, consiguiendo así la total desconexión de al menos uno de los individuos. O bien fuerza a rupturas infundadas, únicamente por constatar el no haber llegado al grado de vinculación exclusiva deseable. Un grado que nunca podrá ser alcanzado, ya se encargará el virus de generar pensamientos cada vez más exigentes al respecto.
La realidad está muy lejos del ideal romántico de la exclusividad. Contradiciendo el discurso predominante, muchas personas establecen relaciones eróticoafectivas múltiples. La mayoría las mantienen en la clandestinidad por temor a las consecuencias y nunca las formalizan. Otras pactan pero disimulan ante la sociedad. Carmen Domingo, en su libro “Cada oveja con su pareja” 2 habla de ellas. Demostrando un respeto encomiable, por cierto. Y una minoría no tienen ningún problema en hacerlo público. Es el caso de la comunidad Polyamory http://www.polyamory.org/.
Parce que hay personas capaces de querer a dos mujeres o a dos hombres a la vez sin volverse locas. Quizá muchas más personas puedan y no lo sepan porqué han sido educadas en la exclusividad romántica.
No se si el modelo de relaciones de los polyamory se impondrá en un futuro más o menos cercano. Pero si creo que nuestro modelo de monogamia secuencial como búsqueda de una mítica unión exclusiva, está produciendo más perjuicios que beneficios. Se rompen muchas parejas por falta de flexibilidad, nuestras aspiraciones son demasiado rígidas y la vida en común demasiado larga. Nos faltan herramientas de negociación y nuestra educación cierra demasiado la mente, dejando un único modelo de relación amorosa. Y así a las personas se les hace muy difícil adaptarse a una sociedad cada vez más dinámica.
1. Chaumier, Serge. El nuevo arte de amar. Alianza Editorial. Madrid 2006. Pág. 184-191.
2. Domingo, Carmen. Cada oveja con su pareja. Ediciones Urano. Barcelona 2003. Pág. 63-81.
miércoles, 23 de enero de 2008
lunes, 17 de diciembre de 2007
El mito de la media naranja
Creo que empiezo a entender
(despacio, despacio comienzo a entender)
Nos deseabamos desde antes de nacer
(te siento, te siento, te siento estremecer)
tengo el presentimiento de que empieza la acción
(adentro, adentro te vas quedando)
y las mujeres somos las de la intuición.
Asi, estoy dispuesta a todo
Shakira
Shakira
Tal y como expliqué en la entrada dedicada a los mitos del Amor Romántico, este virus encuentra lugares de anclaje muy efectivos en conceptos asumidos desde la más tierna infancia. Es a través de ellos como el virus consigue hacerse con nuestra mente y canalizar nuestra energía hacia la consecución de objetivos inútiles o perjudiciales.
El origen de este mito se remonta a la antigüedad clásica y se atribuye a Platón el mérito de haberlo utilizado como argumento justificador de la atracción erótica. Según el filósofo explica en su obra “El banquete”, en un origen éramos seres andróginos. Esto significa que teníamos una parte masculina y otra femenina. Pero por un azar del destino o por sadismo de los dioses, no se sabe bien, fuimos divididos en seres masculinos y seres femeninos. Desde entonces buscamos la parte que nos falta en los miembros del otro sexo. Y, cuando la encontramos gozamos de una unión feliz, placentera y eterna.
El cristianismo y el romanticismo después, cambiaron la unión corporal original por una más espiritual. El argumento se fue transformando y el ser mítico poseedor de los dos sexos en dos almas gemelas que tras encarnarse en la tierra se buscan para formar una pareja también feliz, placentera y eterna.
Este es, cuanto menos, un engaño en si mismo. Se trata de un argumento cuya validez es imposible demostrar porqué siempre se cumple. Si encontramos a una persona con la que nos sentimos felices consideramos tal situación como una prueba de la existencia de nuestra alma gemela. Si andando el tiempo cortamos con ella, esta circunstancia se convierte en prueba evidente de que no era nuestra media naranja. Independientemente de si encontramos o no encontramos nuestro complementario, no vamos a dudar nunca de su existencia.
Y es precisamente aquí donde encuentra el virus romántico su lugar de anclaje. A partir de este concepto consigue establecer un mecanismo que hará eterna, no la relación con la persona adecuada, sino su búsqueda.
En realidad nos coloca el “caramelo” haciéndonos creer en la facilidad a la hora de establecer el vínculo. Si esa persona es mi alma gemela no es necesario que me esfuerce en conocerla o en aceptarla como es. Como dice la canción: “nos deseamos desde antes de nacer”.
La creencia en un perfecto acoplamiento a la primera gracias al destino, a la química o a una existencia anterior a la actual, nos quita el sentido de responsabilidad. No podemos sentirnos responsables de fuerzas tan poderosas, colocándonos así en una posición a moral. No estoy con alguien por haber hecho una elección, son circunstancias ajenas a mi persona las que me han llevado a tal situación.
Convertir una elección basada en valores – todas lo son- en algo involuntario es perfecto para la conservación del orden vigente. Las personas que son conscientes de sus elecciones morales pueden llegar a cuestionar las normas y eso nunca les ha gustado a las clases dominantes.
La agradable euforia que se origina cuando establecemos una relación, sobretodo al principio, puede llevarnos a considerar el encuentro como algo mágico. Ante un acontecimiento de este tipo es fácil aceptar mitos como este de la media naranja. Si además observamos en el discurso social una ausencia total de crítica al respecto, cuando no un apoyo más o menos velado a través de novelas, películas y espacios televisivos, es normal acabar aceptando el mito de la media naranja y caer en riesgo de infección grave.
Todos podemos caer presas de sentimientos irracionales y ser presas del virus romántico, pero en determinados ámbitos sociales poseemos mecanismos mentales que actúan como defensas ante tal amenaza. El ámbito económico es un ejemplo: Si acudiéramos a un banco en busca de un préstamo argumentando que hemos decidido aceptar como socio a una determinada persona, basándonos únicamente en la fuerte convicción de que conocemos a esa persona desde antes de nacer, lo más seguro es que nos de unos golpecitos en la espalda y nos recomienden visitar a un psiquiatra.
Si, por el contrario, justificamos el haber elegido a nuestra pareja basándonos en el mito de la media naranja, obtendremos seguramente la aprobación de los otros cuando no la admiración emocionada por demostrar tal grado de sensibilidad.
Elegir la pareja en base a un argumento tan alejado de la realidad es como sacar un billete con destino a la frustración. Los vínculos se establecen y se mantienen mediante un esfuerzo de diálogo y comprensión del otro. Ninguna leyenda, por muy bonita que sea, puede sustituirlo.
jueves, 18 de octubre de 2007
Necrofilia de pasarela
La infección romántica de la mente conduce con frecuencia a aceptar el estatu quo. Este conservadurismo no es consecuencia de una reflexión racional sino en una suspensión temporal – quiero creer que temporal – de la capacidad crítica de las personas. Si no soy incapaz de criticar de forma racional jamás podré plantear una alternativa poderosa a cualquier injusticia social.En una época donde se ha impuesto la visión romántica de la vida a través de poner en un pedestal a las emociones – y no los sentimientos – no es de extrañar que la moda se haya visto afectada por el malvado virus.
Al patriarcado le ha convenido siempre la pasividad de la mujer por eso la ha querido siempre callada y sumisa, incapaz de manifestar sus deseos. En el siglo XIX elevó a modelo de feminidad a la mujer tísica, consiguiendo que su aspecto macilento llegara a ser considerado como ideal de belleza.En una época de pública y manifiesta misoginia quedaba patente, a través de la adopción de tales modelos de belleza, el miedo de los hombres a la mujer sana, capaz y activa. No en vano muchos antropólogos consideran que el origen del patriarcado se encuentra en el temor del hombre hacia el poder engendrador de la mujer. Un temor que se transformó con el tiempo en fobia y que dio lugar al sexismo en las sociedades primitivas.
Ahora, en pleno siglo XXI, parecemos haber regresado a tiempos pasados al menos en lo que concierne a la moda. No me referiré aquí a ese programa de la televisión donde se practica el sadismo emocional con adolescentes . No es necesario insistir sobre su carácter destructivo sobre la moral de las concursantes y su efecto pernicioso sobre los espectadores, basta con ver un programa para darse cuenta.
Me refiero a los desfiles de moda donde aparecen maniquíes – me resisto a utilizar la palabra modelo para definirlas- con cuerpos dignos de Buchenbald o Auschwitz y con expresiones propias de cuerpos en tanatorios o salas de autopsia.
Hace un tiempo me preguntaba porqué las maniquíes de pasarela nunca sonríen. Al parecer lo tienen rotundamente prohibido. Es algo excepcional porqué normalmente se les pide todo lo contrario. Al anunciar una marca de leche o al asistir a un
congreso en calidad de azafata, la sonrisa es imprescindible. Algo por otro lado natural, si uno quiere vender un producto tendrá más posibilidades adoptando una actitud alegre y cordial que si pone la típica cara de cabreada altiva que ellas muestran en la pasarela.Entonces, ¿por qué esa mueca? Una posible explicación puede estar en la deriva hacia un ideal de belleza femenino poco saludable , cuando no cadavérico, que se viene observando desde los años 90. Los maquillajes imitan cada vez más el aspecto de los muertos y las chicas se van pareciendo a espíritus etéreos dignos de protagonizar una novela de gótica.
El virus romántico ha infectado la mente de diseñadores y maquilladoras hasta tal punto que no pueden consentir el desfile de mujeres de carne y hueso. Como hemos visto en otras ocasiones el romanticismo es un aliado del patriarcado, al patriarcado le interesan las mujeres pasivas. Y, ¿qué hay más pasivo que un cadáver?
Esta actitud consigue aunar la tendencia a promocionar la pasividad femenina propia del machismo con el ansia necrofílica del romanticismo. Así todos contentos, menos las miles de mujeres que pasan hambre para conseguir un cuerpo que nunca tendrán y que si llegan a lograr las llevará a la enfermedad, cuando no a la muerte.
domingo, 23 de septiembre de 2007
De la pureza a la belleza
Cada vez que las mujeres alcanzan un cierto grado de poder dentro de la sociedad, se da una reacción por parte del patriarcado. Esta reacción se ha caracterizado siempre por una fase inicial de adulación y ensalce de la figura femenina a la que sigue una de sumisión y misoginia que intenta contener el cambio.
El virus romántico tiene un papel fundamental en este tipo de transformaciones. Actúa como lo haría la artillería en el campo de batalla aturdiendo y debilitando las defensas del enemigo.
Así lo hizo durante el periodo posterior a la Revolución Francesa, el llamado periodo romántico. La Ilustración había conseguido un cierto avance de las mujeres – las nobles y altoburguesas, se entiende -. En los salones las cortesanas se trataban de tú a tú con filósofos y literatos. Más tarde, durante la Revolución, las mujeres llegaron a reivindicar una carta de “los derechos de la mujer y la ciudadana”.
Con el final de episodio revolucionario vino la reacción. El Código Napoleónico las asimiló a la infancia, convirtiéndolas en seres dependiente y eternamente incapacitadas par los asuntos públicos.
Esa ignominia debía justificarse de alguna manera y para ello fue necesario crear un ideal femenino basado en la pureza y la inocencia. Si el código penal asimilaba la mujer a los niños, la educación preparaba a las jóvenes para que aceptaras e incluso promovieran actitudes justificadoras de ese estatu quo.
A principios del siglo XIX se creó lo que podríamos denominar el círculo de la pureza. Un complejo ideológico preparado para atrapar la mente de las mujeres en un juego donde siempre salían perdiendo.
El círculo de la pureza basaba su poder de dominio en colocar en su centro un ideal inalcanzable: La mujer absolutamente pura. En los países católicos era la Virgen María, cuyo milagroso embarazo respetó su virginidad incluso después de parir. En los protestantes el mito se montó alrededor del mito puritano según el cual una mujer podía alcanzar la perfección moral a través de mantenerse lo más alejada posible de los placeres eróticos.
De este círculo mental solamente se salía por tres caminos: La violación, la seducción o el matrimonio. Las dos primeras formas llevaban a la marginalidad. Normalmente las mujeres violadas o seducidas terminaban siendo prostitutas. Pasaban, por lo tanto, a ser de titularidad pública. La tercera forma era la única decente y condenaba a la mujer a ser propiedad del marido.
La mujer podía optar por no salir nunca del círculo y entonces, o bien se hacía monja o bien se convertía en una solterona. Estas mujeres representaban la pureza hasta la muerte y eran respetadas siempre y cuando se esforzaran por conservarla.
Con los cambios ocurridos durante los años sesenta esta forma de pensar se quebró definitivamente. Las mujeres empezaron a no aceptar que su valor social dependiera dispuestas a entablar intercambios eróticos. Las leyes del patriarcado fueron puestas a debate público y gran cantidad de mitos sobre la sexualidad quedaron obsoletos.
Pasaron los setenta y llegó la reacción conservadora. Se puso freno a todos los avances y se intentó dar marcha atrás. Como siempre ocurre en estas ocasiones y como había ocurrido ya anteriormente, el virus romántico infectó las mentes de millones de personas.
Desde la subida al poder de Ronald Reagan y Margaret Teacher se ha ido ensalzando “los valores femeninos”. Paralelamente el movimiento feminista adopta la diferencia como eje de sus reivindicaciones y en los medios de comunicación se muestra mujeres vestidas con modas cada vez más diferenciadas de los hombres.
Los trajes infantilizan y realzan la imagen frágil, mientas la política la victimiza. Cada vez hay más leyes llamadas de protección pero cuyos efectos son más paralizantes que defensivos. La mujer es un ser que debe ser protegido de la naturaleza maligna de los hombres.
El círculo de la pureza ha sido sustituido por el círculo de la belleza. Ahora el ideal de millones de jovencitas no es ya la Virgen María sino la top model de moda. Tal y como ocurriera en tiempos de nuestras abuelas, las mujeres vuelven a ser pasivas. Si en tiempos de la Reina Victoria esa pasividad se concretaba en un desinterés absoluto por el erotismo, ahora se concreta en un afán desmesurado por la exhibición de un cuerpo atractivo. Ser deseada es el gran objetivo, tener intercambios eróticos pasa a un segundo, incluso a un tercer plano.
Las sociedades utilizan los objetivos imposibles como una forma de canalizar la energía de sus miembros. Una energía que, en otras circunstancias, podría llevar a un cambio social. El mito de la pureza absoluta era imposible de alcanzar y por eso millones de chicas perdieron su preciso tiempo en sacrificios de todo tipo. Ahora el mito de la belleza cumple un cometido similar. Las chicas se sacrifican, se adornan y se exhiben con el objeto de conseguir el reconocimiento de su belleza. Desperdician miles de horas en busca de ese “Santo Grial” y así no se dedican a otros quehaceres.
Un amigo mío ha encontrado un término perfecto para definir esta estrategia: El safari fotográfico. Se trata de conseguir la admiración y el interés del máximo número de personas. La chica sale cada noche a demostrarse a si misma su atractivo y para ello emplea todos sus conocimientos de belleza y seducción con el fin de atraer al máximo número de hombres (si es hetero, porqué existe también la forma homosexual del safari fotográfico).
Como en la antigua forma de dominación, la mujer puede salir de este círculo mediante las tres maneras anteriormente citadas. Pero como las cosas no son siempre igual por mucha marcha atrás que se haya querido dar, ni la violación ni la seducción llevan a marginar a la mujer.
Cada vez es más patente este tipo de comportamiento y cada vez es mayor la presión social y mediática sobre las mujeres para que actúen de esta forma. Se consigue así potenciar la pasividad femenina y evitar que tengan demasiados intercambios eróticos.
El virus romántico contribuye a generar pensamientos absurdos y a evitar cualquier posibilidad de crítica, convirtiéndose así en un cómplice necesario. Se puede permanecer mucho tiempo en este círculo de la belleza esperando un “principe azul” o anhelando “la relación perfecta”.
Al final se trata de una forma más de dirigir la sexualidad femenina hacia el matrimonio.
El virus romántico tiene un papel fundamental en este tipo de transformaciones. Actúa como lo haría la artillería en el campo de batalla aturdiendo y debilitando las defensas del enemigo.
Así lo hizo durante el periodo posterior a la Revolución Francesa, el llamado periodo romántico. La Ilustración había conseguido un cierto avance de las mujeres – las nobles y altoburguesas, se entiende -. En los salones las cortesanas se trataban de tú a tú con filósofos y literatos. Más tarde, durante la Revolución, las mujeres llegaron a reivindicar una carta de “los derechos de la mujer y la ciudadana”.
Con el final de episodio revolucionario vino la reacción. El Código Napoleónico las asimiló a la infancia, convirtiéndolas en seres dependiente y eternamente incapacitadas par los asuntos públicos.
Esa ignominia debía justificarse de alguna manera y para ello fue necesario crear un ideal femenino basado en la pureza y la inocencia. Si el código penal asimilaba la mujer a los niños, la educación preparaba a las jóvenes para que aceptaras e incluso promovieran actitudes justificadoras de ese estatu quo.
A principios del siglo XIX se creó lo que podríamos denominar el círculo de la pureza. Un complejo ideológico preparado para atrapar la mente de las mujeres en un juego donde siempre salían perdiendo.
El círculo de la pureza basaba su poder de dominio en colocar en su centro un ideal inalcanzable: La mujer absolutamente pura. En los países católicos era la Virgen María, cuyo milagroso embarazo respetó su virginidad incluso después de parir. En los protestantes el mito se montó alrededor del mito puritano según el cual una mujer podía alcanzar la perfección moral a través de mantenerse lo más alejada posible de los placeres eróticos.
De este círculo mental solamente se salía por tres caminos: La violación, la seducción o el matrimonio. Las dos primeras formas llevaban a la marginalidad. Normalmente las mujeres violadas o seducidas terminaban siendo prostitutas. Pasaban, por lo tanto, a ser de titularidad pública. La tercera forma era la única decente y condenaba a la mujer a ser propiedad del marido.
La mujer podía optar por no salir nunca del círculo y entonces, o bien se hacía monja o bien se convertía en una solterona. Estas mujeres representaban la pureza hasta la muerte y eran respetadas siempre y cuando se esforzaran por conservarla.
Con los cambios ocurridos durante los años sesenta esta forma de pensar se quebró definitivamente. Las mujeres empezaron a no aceptar que su valor social dependiera dispuestas a entablar intercambios eróticos. Las leyes del patriarcado fueron puestas a debate público y gran cantidad de mitos sobre la sexualidad quedaron obsoletos.
Pasaron los setenta y llegó la reacción conservadora. Se puso freno a todos los avances y se intentó dar marcha atrás. Como siempre ocurre en estas ocasiones y como había ocurrido ya anteriormente, el virus romántico infectó las mentes de millones de personas.
Desde la subida al poder de Ronald Reagan y Margaret Teacher se ha ido ensalzando “los valores femeninos”. Paralelamente el movimiento feminista adopta la diferencia como eje de sus reivindicaciones y en los medios de comunicación se muestra mujeres vestidas con modas cada vez más diferenciadas de los hombres.
Los trajes infantilizan y realzan la imagen frágil, mientas la política la victimiza. Cada vez hay más leyes llamadas de protección pero cuyos efectos son más paralizantes que defensivos. La mujer es un ser que debe ser protegido de la naturaleza maligna de los hombres.
El círculo de la pureza ha sido sustituido por el círculo de la belleza. Ahora el ideal de millones de jovencitas no es ya la Virgen María sino la top model de moda. Tal y como ocurriera en tiempos de nuestras abuelas, las mujeres vuelven a ser pasivas. Si en tiempos de la Reina Victoria esa pasividad se concretaba en un desinterés absoluto por el erotismo, ahora se concreta en un afán desmesurado por la exhibición de un cuerpo atractivo. Ser deseada es el gran objetivo, tener intercambios eróticos pasa a un segundo, incluso a un tercer plano.
Las sociedades utilizan los objetivos imposibles como una forma de canalizar la energía de sus miembros. Una energía que, en otras circunstancias, podría llevar a un cambio social. El mito de la pureza absoluta era imposible de alcanzar y por eso millones de chicas perdieron su preciso tiempo en sacrificios de todo tipo. Ahora el mito de la belleza cumple un cometido similar. Las chicas se sacrifican, se adornan y se exhiben con el objeto de conseguir el reconocimiento de su belleza. Desperdician miles de horas en busca de ese “Santo Grial” y así no se dedican a otros quehaceres.
Un amigo mío ha encontrado un término perfecto para definir esta estrategia: El safari fotográfico. Se trata de conseguir la admiración y el interés del máximo número de personas. La chica sale cada noche a demostrarse a si misma su atractivo y para ello emplea todos sus conocimientos de belleza y seducción con el fin de atraer al máximo número de hombres (si es hetero, porqué existe también la forma homosexual del safari fotográfico).
Como en la antigua forma de dominación, la mujer puede salir de este círculo mediante las tres maneras anteriormente citadas. Pero como las cosas no son siempre igual por mucha marcha atrás que se haya querido dar, ni la violación ni la seducción llevan a marginar a la mujer.
Cada vez es más patente este tipo de comportamiento y cada vez es mayor la presión social y mediática sobre las mujeres para que actúen de esta forma. Se consigue así potenciar la pasividad femenina y evitar que tengan demasiados intercambios eróticos.
El virus romántico contribuye a generar pensamientos absurdos y a evitar cualquier posibilidad de crítica, convirtiéndose así en un cómplice necesario. Se puede permanecer mucho tiempo en este círculo de la belleza esperando un “principe azul” o anhelando “la relación perfecta”.
Al final se trata de una forma más de dirigir la sexualidad femenina hacia el matrimonio.
domingo, 16 de septiembre de 2007
Una aclaración
Estar contra los efectos perniciosos de infección romántica de nuestra mente no significa en absoluto volverse un ser cruel, insensible y frío. Gracias a Dios no es necesario recurrir a la cirugía para sanar nuestro cerebro, los tejidos afectados pueden curarse sin que su función quede afectada en grado alguno.
Querer a una persona, incluso quererla muchísimo es posible sin necesidad de estar sujetos a la manipulación romántica. Es más, me atrevería a decir que los individuos románticos no quieren a sus objetos de amor, simplemente los utilizan como excusa para continuar desperdiciando su vida en pos de objetivos inalcanzables y vanos.
Muchas canciones, novelas y películas están contaminadas. Las dos que he comentado son un ejemplo pero hay muchas más. Parece comos si los autores fueran incapaces de hablar de ternura y cariño sin renunciar a convertir su letra en un alegato del amor romántico. El respeto, la complicidad, el disfrute y la alegría no aparecen por ninguna parte. En su lugar se alaban los celos, la desesperación, la angustia y en algunas ocasiones la crueldad.
Si es importante desdramatizar estas canciones mediante la ironía y el buen humor, no es menos necesario exponer algunas cuya letra describe o ensalza el amor basado en el compañerismo y el respeto a la libertad. En raras ocasiones – últimamente cada vez menos – ocurre este milagro. Un autor decide contar una historia sin recurrir al dramatismo del desengaño o la furia de los celos.
Este es caso de una canción de Lluis Llach cuyo título es “Que tinguem sort” y que no necesita comentarios.
Si em dius adéu,
vull que el dia sigui net i clar,
que cap ocell
trenqui l'harmonia del seu cant.
Que tinguis sort
i que trobis el que t'ha mancat
en mi.
Si me dices adiós,
quiero que el día sea limpio y claro
que ningún pájaro
Rompa su armonía con su canto
Que tengas suerte
y que encuentres lo que te ha faltado
en mi
Si em dius: "et vull",
que el sol faci el dia molt més llarg,
i així, robar
temps al temps d'un rellotge aturat.
Que tinguem sort,
que trobem tot el que ens va mancar
ahir.
Si me dices “te quiero”
que el sol haga el día mucho más largo,
y así encontrar
tiempo al tiempo de un reloj detenido
Que tengamos suerte,
que encontremos todo lo que nos faltó
Ayer.
I així pren, i així pren
tot el fruit que et pugui donar
el camí que, a poc a poc,
escrius per demà.
Que demà, que demà
mancarà el fruit de cada pas;
per això malgrat la boira,
cal caminar.
Y así toma, toma, y así toma
todo el fruto que pueda darte
el camino que, poco a poco,
ecribes para el mañana.
Que mañana, que mañana
faltara el fruto de cada paso
por eso a pesar de la niebla
es necesario caminar.
Si véns amb mi,
no demanis un camí planer,
ni estels d'argent,
ni un demà ple de promeses, sols
un poc de sort,
i que la vida ens doni un camí
ben llarg.
Si vienes conmigo,
no pidas un camino plano,
ni estrellas de plata,
ni un mañana lleno de promesas, sólo
un poco de suerte
y que la vida nos de un camino
muy largo.
Querer a una persona, incluso quererla muchísimo es posible sin necesidad de estar sujetos a la manipulación romántica. Es más, me atrevería a decir que los individuos románticos no quieren a sus objetos de amor, simplemente los utilizan como excusa para continuar desperdiciando su vida en pos de objetivos inalcanzables y vanos.
Muchas canciones, novelas y películas están contaminadas. Las dos que he comentado son un ejemplo pero hay muchas más. Parece comos si los autores fueran incapaces de hablar de ternura y cariño sin renunciar a convertir su letra en un alegato del amor romántico. El respeto, la complicidad, el disfrute y la alegría no aparecen por ninguna parte. En su lugar se alaban los celos, la desesperación, la angustia y en algunas ocasiones la crueldad.
Si es importante desdramatizar estas canciones mediante la ironía y el buen humor, no es menos necesario exponer algunas cuya letra describe o ensalza el amor basado en el compañerismo y el respeto a la libertad. En raras ocasiones – últimamente cada vez menos – ocurre este milagro. Un autor decide contar una historia sin recurrir al dramatismo del desengaño o la furia de los celos.
Este es caso de una canción de Lluis Llach cuyo título es “Que tinguem sort” y que no necesita comentarios.
Si em dius adéu,
vull que el dia sigui net i clar,
que cap ocell
trenqui l'harmonia del seu cant.
Que tinguis sort
i que trobis el que t'ha mancat
en mi.
Si me dices adiós,
quiero que el día sea limpio y claro
que ningún pájaro
Rompa su armonía con su canto
Que tengas suerte
y que encuentres lo que te ha faltado
en mi
Si em dius: "et vull",
que el sol faci el dia molt més llarg,
i així, robar
temps al temps d'un rellotge aturat.
Que tinguem sort,
que trobem tot el que ens va mancar
ahir.
Si me dices “te quiero”
que el sol haga el día mucho más largo,
y así encontrar
tiempo al tiempo de un reloj detenido
Que tengamos suerte,
que encontremos todo lo que nos faltó
Ayer.
I així pren, i així pren
tot el fruit que et pugui donar
el camí que, a poc a poc,
escrius per demà.
Que demà, que demà
mancarà el fruit de cada pas;
per això malgrat la boira,
cal caminar.
Y así toma, toma, y así toma
todo el fruto que pueda darte
el camino que, poco a poco,
ecribes para el mañana.
Que mañana, que mañana
faltara el fruto de cada paso
por eso a pesar de la niebla
es necesario caminar.
Si véns amb mi,
no demanis un camí planer,
ni estels d'argent,
ni un demà ple de promeses, sols
un poc de sort,
i que la vida ens doni un camí
ben llarg.
Si vienes conmigo,
no pidas un camino plano,
ni estrellas de plata,
ni un mañana lleno de promesas, sólo
un poco de suerte
y que la vida nos de un camino
muy largo.
martes, 4 de septiembre de 2007
Tú de que vas
Presumiendo que lo sabe todo
me dice cosas que no suenan del todo bien
está tratando de seducirme
entre la marcha hay tanto ruido no le oigo bien
Empieza la canción narrando el encuentro de una chica y un presunto seductor en una discoteca. Digo presunto seductor porqué ni ella misma es capaz de asegurar al cien por cien que esa sea la intención del sujeto.
Como consecuencia decide aplicar el primer principio del ligue romántico: “Todo intercambio erótico debe darse de forma que la persona no se sienta en absoluto responsable”.
Este principio, consecuencia de una infección romántica seguramente ocurrida durante la niñez o la adolescencia tiene consecuencias diferentes en función del sexo:
- En un individuo XX produce pasividad y resistencia (eso si, pasiva). Si ha de terminar ocurriendo será por obra del destino, no por voluntad de la interpelada.
- En un individuo XY el efecto es totalmente contrario, estimula la actividad ignorando incluso cualquier pista de desinterés por parte de la otra persona. Se cree un agente del destino y, por lo tanto, responsable de que el encuentro llegue a buen fin.
Pelo hacia atrás, sonrisa retorcida
intentará abordarme por segunda vez
no se da cuenta que no me interesa
que lo que diga o lo que haga lo conozco bien
En esta segunda estrofa, la chica decide “hacerse valer” y aplica otro gran principio, aunque este es únicamente femenino: “El valor de una chica es directamente proporcional a las trabas que ponga a su propio deseo. Dejando así el máximo de responsabilidad en manos del destino”.
Desprecia el proceder del muchacho por previsible, no consigue engañarla. Algo del todo intolerable porqué de no cambiar las cosas, o bien ser verá obligada a tomar iniciativa (algo casi imposible para ciudadanas ibéricas) , o bien quedarse sin conocer a la persona que la está interpelando (lo más frecuente en estas latitudes) por muy deseable que esta le resulte.
Y no me hables de sexo seguro
ni plastifiques mi corazónya
estoy cansada de cuerpos duros
y mentes blandas que no saben de amor
Esta es la parte de moralina esteriotipada. En la primera estrofa parece atribuir al “condón” propiedades metafísicas que ni el mismísimo Santo Tomás de Aquino hubiese detectado, si hubiese conocido el artefacto.
La segunda es una queja general contra todos los hombres que solamente quieren una cosa. Es absolutamente inadmisible que una persona no quiera tener una relación para toda la vida tras un breve intercambio erótico, ¿dónde se ha visto semejante cosa? Si ella está deseando que ocurra ese milagro. Lleva toda la vida preparándose.
Es este un comportamiento propio de quien ha sido infectado. Todo virus intenta infectar otros huéspedes utilizando varias estrategias. En el caso de la gripe los estornudos y mucosidades cumplen esta misión con gran eficacia. El virus romántico, al ser de naturaleza mental, debe recurrir a otros procedimientos.
Así, el o la autora de la canción intenta difundir el romanticismo con la conocida treta conservadora de quejarse de la degeneración moral, por muy puritana que sea la sociedad. Acusa indirectamente a todos los individuos de comportamientos libertinos y amorales, cuando es perfectamente observable una actitud contraria en la mayoría de la gente.
Quejarse en este momento de la falta de romanticismo es, como mínimo, un sarcasmo.
Cuando tú vas... yo vengo de allí
cuando yo voy, tú todavía estás aquí
y crees que me puedes confundir
Y de que vas... mirándome atrás
ay que descaro, ahora me gustas más
y es que no me fío porque sé que tú me engañarás
Esta estrofa es todo un manifiesto a favor del acoso y la total ignorancia de la dignidad femenina. La protagonista, que tan dura se ha mostrado hasta ahora, empieza a valorar al seductor en cuanto este se ha saltado cualquier norma de educación y respeto. La chica continua quejándose de lo previsible de sus actos, lleva ya un buen rato mostrándose absolutamente pasiva y el sujeto a penas ha logrado impresionarla un pelo.
Pero el chico hace un movimiento inesperado. Pasando absolutamente de la voluntad de la protagonista decide actuar por cuenta propia y aplicar el principio misógeno por excelencia: “Las mujeres cuando dicen no, en realidad quieren decir sí”. Lo más sorprendente, sin embargo es que la chica reaccione positivamente ante tal conducta, convirtiéndose así en colaboradora de su verdugo.
En realidad no hace más que seguir al pie de la letra el primer principio del ligue romántico y delegar toda responsabilidad al destino. Así, si la cosa termina mal – o bien según se mire – podrá culpar a todo el mundo menos a ella.
Le vi una mueca casi congelada
reflejado está en su cara lo que dije de él
y como un rayo sólo dio la vuelta
me conquistó cuando me dijo que me equivoqué
Ahora la chica se da cuenta que se ha pasado. Una cosa es tentar al destino y otra muy diferente quedarse a dos velas. Y es que la “estrategia de la borde” tiene su límite. Pero el primer principio continua actuando y fuerza al otro contendiente – en este momento podemos hablar ya de un conflicto bélico – a resistir y continuar en la brecha.
Por fin preguntas como me llamaba
la verdad hubieses empezado con buen pie
comprenderás que yo no te conozco
pero me muero de deseo por besar su piel
He aquí una de las muestras de hipocresía más claras de todo el panorama musical actual. Resulta que la que hasta ahora ha estado rechazando una proposición por considerarla indigna de su persona. La que ha despreciado las muestras más o menos logradas de ingenio, se hubiera conformado con un “hola que tal” ¡Vamos hombre! , que no nos chupamos el dedo.
La canción continua repitiendo el estribillo ligeramente modificado por lo que puede considerarse la aportación más inteligente de toda la pieza musical: “dum dum, dubidum, dubidum. Yeah mm... dan dan dururu dan deee”.
Y no me hables de sexo seguro
ni plastifiques mi corazón
ya estoy cansada de cuerpos duros
y mentes blandas que no saben de amor
Cuando tú vas... yo vengo de allí
cuando yo voy, tú todavía estás aquí
y crees que me puedes confundir
Y de que vas... mirándome atrása
y que descaro, ahora me gustas más
y es que no me fío porque sé que tu me engañarás
dum dum, dubidum, dubidumyeahmm... dan dan dururu dan deee
Cuando tú vas... yo vengo de allí
cuando yo voy, tú todavía estás aquí
y crees que me puedes confundir
Y de que vas... mirándome atrása
y que descaro, ahora me gustas más
y es que no me fío porque sé que tu me engaña...sé que tu me engaña...sé que tu me engañarás
Este es un ejemplo de cómo el virus romántico puede llegar a dificultar la comunicación. A través de promocionar en las mujeres la actitud pasiva e infantil y en los hombres la falta absoluta de respeto hacia la voluntad femenina, consigue que toda relación se inicie en un plano de desigualdad.
Y lo más lamentable de todo esto es que se hace en nombre del prestigio y la reputación. La chica, que tan interesada estaba al inicio en conservar su autoestima, termina en manos de un manipulador lo suficientemente hábil como para hacerle creer que su sumisión es deseo. Un manipulador cuyo comportamiento no es del todo consciente y cuya intención no es el goce o el disfrute – como podríamos pensar – sino un aumento en su valía como seductor.
En otros tiempos, cuando la mujer estaba legalmente sujeta a un hombre, “dejarse llevar por la pasión” era una forma de escapar al control patriarcal. La falta contra el decoro cometida por una adolescente o una esposa podía ser excusada, con más o menos fortuna, apelando a un enamoramiento fruto del destino.
Sin embargo el virus romántico contaminó el concepto y lo transformó en una forma de buscar la subyugación de la mujer. Ahora esta fuerza poderosa e irresistible que servía para “echar una cana al aire” se ha convertido en una manera de conseguir que las mujeres renuncien a cualquier acción activa durante la seducción.
Esto las coloca en una posición de inferioridad, porqué quedan a merced del ímpetu y la osadía de de los hombres. Y esas dos actitudes no son, ni han sido nunca, sinónimo de destreza erótica ni de capacidad para mantener relaciones equilibradas.
me dice cosas que no suenan del todo bien
está tratando de seducirme
entre la marcha hay tanto ruido no le oigo bien
Empieza la canción narrando el encuentro de una chica y un presunto seductor en una discoteca. Digo presunto seductor porqué ni ella misma es capaz de asegurar al cien por cien que esa sea la intención del sujeto.
Como consecuencia decide aplicar el primer principio del ligue romántico: “Todo intercambio erótico debe darse de forma que la persona no se sienta en absoluto responsable”.
Este principio, consecuencia de una infección romántica seguramente ocurrida durante la niñez o la adolescencia tiene consecuencias diferentes en función del sexo:
- En un individuo XX produce pasividad y resistencia (eso si, pasiva). Si ha de terminar ocurriendo será por obra del destino, no por voluntad de la interpelada.
- En un individuo XY el efecto es totalmente contrario, estimula la actividad ignorando incluso cualquier pista de desinterés por parte de la otra persona. Se cree un agente del destino y, por lo tanto, responsable de que el encuentro llegue a buen fin.
Pelo hacia atrás, sonrisa retorcida
intentará abordarme por segunda vez
no se da cuenta que no me interesa
que lo que diga o lo que haga lo conozco bien
En esta segunda estrofa, la chica decide “hacerse valer” y aplica otro gran principio, aunque este es únicamente femenino: “El valor de una chica es directamente proporcional a las trabas que ponga a su propio deseo. Dejando así el máximo de responsabilidad en manos del destino”.
Desprecia el proceder del muchacho por previsible, no consigue engañarla. Algo del todo intolerable porqué de no cambiar las cosas, o bien ser verá obligada a tomar iniciativa (algo casi imposible para ciudadanas ibéricas) , o bien quedarse sin conocer a la persona que la está interpelando (lo más frecuente en estas latitudes) por muy deseable que esta le resulte.
Y no me hables de sexo seguro
ni plastifiques mi corazónya
estoy cansada de cuerpos duros
y mentes blandas que no saben de amor
Esta es la parte de moralina esteriotipada. En la primera estrofa parece atribuir al “condón” propiedades metafísicas que ni el mismísimo Santo Tomás de Aquino hubiese detectado, si hubiese conocido el artefacto.
La segunda es una queja general contra todos los hombres que solamente quieren una cosa. Es absolutamente inadmisible que una persona no quiera tener una relación para toda la vida tras un breve intercambio erótico, ¿dónde se ha visto semejante cosa? Si ella está deseando que ocurra ese milagro. Lleva toda la vida preparándose.
Es este un comportamiento propio de quien ha sido infectado. Todo virus intenta infectar otros huéspedes utilizando varias estrategias. En el caso de la gripe los estornudos y mucosidades cumplen esta misión con gran eficacia. El virus romántico, al ser de naturaleza mental, debe recurrir a otros procedimientos.
Así, el o la autora de la canción intenta difundir el romanticismo con la conocida treta conservadora de quejarse de la degeneración moral, por muy puritana que sea la sociedad. Acusa indirectamente a todos los individuos de comportamientos libertinos y amorales, cuando es perfectamente observable una actitud contraria en la mayoría de la gente.
Quejarse en este momento de la falta de romanticismo es, como mínimo, un sarcasmo.
Cuando tú vas... yo vengo de allí
cuando yo voy, tú todavía estás aquí
y crees que me puedes confundir
Y de que vas... mirándome atrás
ay que descaro, ahora me gustas más
y es que no me fío porque sé que tú me engañarás
Esta estrofa es todo un manifiesto a favor del acoso y la total ignorancia de la dignidad femenina. La protagonista, que tan dura se ha mostrado hasta ahora, empieza a valorar al seductor en cuanto este se ha saltado cualquier norma de educación y respeto. La chica continua quejándose de lo previsible de sus actos, lleva ya un buen rato mostrándose absolutamente pasiva y el sujeto a penas ha logrado impresionarla un pelo.
Pero el chico hace un movimiento inesperado. Pasando absolutamente de la voluntad de la protagonista decide actuar por cuenta propia y aplicar el principio misógeno por excelencia: “Las mujeres cuando dicen no, en realidad quieren decir sí”. Lo más sorprendente, sin embargo es que la chica reaccione positivamente ante tal conducta, convirtiéndose así en colaboradora de su verdugo.
En realidad no hace más que seguir al pie de la letra el primer principio del ligue romántico y delegar toda responsabilidad al destino. Así, si la cosa termina mal – o bien según se mire – podrá culpar a todo el mundo menos a ella.
Le vi una mueca casi congelada
reflejado está en su cara lo que dije de él
y como un rayo sólo dio la vuelta
me conquistó cuando me dijo que me equivoqué
Ahora la chica se da cuenta que se ha pasado. Una cosa es tentar al destino y otra muy diferente quedarse a dos velas. Y es que la “estrategia de la borde” tiene su límite. Pero el primer principio continua actuando y fuerza al otro contendiente – en este momento podemos hablar ya de un conflicto bélico – a resistir y continuar en la brecha.
Por fin preguntas como me llamaba
la verdad hubieses empezado con buen pie
comprenderás que yo no te conozco
pero me muero de deseo por besar su piel
He aquí una de las muestras de hipocresía más claras de todo el panorama musical actual. Resulta que la que hasta ahora ha estado rechazando una proposición por considerarla indigna de su persona. La que ha despreciado las muestras más o menos logradas de ingenio, se hubiera conformado con un “hola que tal” ¡Vamos hombre! , que no nos chupamos el dedo.
La canción continua repitiendo el estribillo ligeramente modificado por lo que puede considerarse la aportación más inteligente de toda la pieza musical: “dum dum, dubidum, dubidum. Yeah mm... dan dan dururu dan deee”.
Y no me hables de sexo seguro
ni plastifiques mi corazón
ya estoy cansada de cuerpos duros
y mentes blandas que no saben de amor
Cuando tú vas... yo vengo de allí
cuando yo voy, tú todavía estás aquí
y crees que me puedes confundir
Y de que vas... mirándome atrása
y que descaro, ahora me gustas más
y es que no me fío porque sé que tu me engañarás
dum dum, dubidum, dubidumyeahmm... dan dan dururu dan deee
Cuando tú vas... yo vengo de allí
cuando yo voy, tú todavía estás aquí
y crees que me puedes confundir
Y de que vas... mirándome atrása
y que descaro, ahora me gustas más
y es que no me fío porque sé que tu me engaña...sé que tu me engaña...sé que tu me engañarás
Este es un ejemplo de cómo el virus romántico puede llegar a dificultar la comunicación. A través de promocionar en las mujeres la actitud pasiva e infantil y en los hombres la falta absoluta de respeto hacia la voluntad femenina, consigue que toda relación se inicie en un plano de desigualdad.
Y lo más lamentable de todo esto es que se hace en nombre del prestigio y la reputación. La chica, que tan interesada estaba al inicio en conservar su autoestima, termina en manos de un manipulador lo suficientemente hábil como para hacerle creer que su sumisión es deseo. Un manipulador cuyo comportamiento no es del todo consciente y cuya intención no es el goce o el disfrute – como podríamos pensar – sino un aumento en su valía como seductor.
En otros tiempos, cuando la mujer estaba legalmente sujeta a un hombre, “dejarse llevar por la pasión” era una forma de escapar al control patriarcal. La falta contra el decoro cometida por una adolescente o una esposa podía ser excusada, con más o menos fortuna, apelando a un enamoramiento fruto del destino.
Sin embargo el virus romántico contaminó el concepto y lo transformó en una forma de buscar la subyugación de la mujer. Ahora esta fuerza poderosa e irresistible que servía para “echar una cana al aire” se ha convertido en una manera de conseguir que las mujeres renuncien a cualquier acción activa durante la seducción.
Esto las coloca en una posición de inferioridad, porqué quedan a merced del ímpetu y la osadía de de los hombres. Y esas dos actitudes no son, ni han sido nunca, sinónimo de destreza erótica ni de capacidad para mantener relaciones equilibradas.
sábado, 21 de julio de 2007
Lo mitos del amor romántico
Muchos virus se aprovechan de la propia estructura del huésped. Determinadas proteínas de la superficie celular se convierten en auténticos caballos de Troya que pueden utilizar las partículas víricas para introducirse en el interior.
Algunas personas sufren ligeras alteraciones en dichas proteínas. Esta pequeña diferencia puede resultar vital a la hora de ser o no víctimas de la infección. Si el cambio favorece al virus entonces estarán más desprotegidas. Si, por el contrario, impide el enganche de este pueden llegar a ser totalmente inmunes.
Nuestra mente contiene varios sitios de anclaje para el virus romántico. Son estructuras mentales que favorecen la entrada y reproducción de este virus. Pero, a diferencia de las físicas, no son producto de la expresión de un determinado gen, se introducen en la mente durante nuestra educación y permanecen ahí a la esperando la infección para favorecerla.
Los mitos del amor romántico son un ejemplo de este tipo de estructuras. Están en nuestra mente preparados para servir de puerta de entrada al virus. Se trata de explicaciones simplistas, a menudo falsas, muy oportunas cuando nos encontramos ante situaciones estresantes o simplemente desconcertantes. El tipo de situaciones que el romanticismo utiliza para colonizar nuestra mente.
El profesor Yela, en un magnífico libro titulado “El amor desde la psicología social” ha determinado la existencia de diez mitos del amor romántico. Algunos son absurdos, otros imposibles y todos una forma de perder tiempo y energía en la persecución de espejismos.
La ventaja de trabajar con este tipo de estructuras mentales es que podemos hacerlas desaparecer si utilizamos la razón y la crítica. Algo de momento imposible con los antígenos diana de nuestro organismo. En próximas entregas trataremos, o mejor destrozaremos, cada uno de los mitos. Por ahora me conformo con enumerarlos:
1. Mito de la media naranja: creencia de que hemos elegido la pareja que teníamos predestinada de alguna forma, y que ha sido la única o la mejor elección posible.
2. Mito de la exclusividad: creencia de que el amor romántico sólo puede sentirse por una única persona (al mismo tiempo).
3. Mito de la fidelidad: creencia de que todos los deseos pasionales, románticos y eróticos, deben satisfacerse exclusivamente con una única persona: la propia pareja.
4. Mito de los celos: creencia de que los celos son un signo de amor e incluso requisito indispensable del «verdadero amor».
5. Mito del matrimonio o convivencia: creer que el amor romántico-pasional debe conducir a la unión estable de la pareja, y constituirse en la (única) base del matrimonio (o de la convivencia en pareja).
6. Mito de la omnipotencia: creencia de que «el amor lo puede todo», y, por tanto, si hay verdadero amor no deben influir decisivamente los obstáculos externos o internos sobre la pareja.
8. Mito de la perdurabilidad (o de la pasión eterna): creencia de que el amor romántico y pasional de los primeros meses puede y debe perdurar tras miles de días (y noches) de convivencia.
9. Mito del libre albedrío: creer que nuestros sentimientos amorosos son absolutamente íntimos y no están influidos por factores sociobiológico-culturales ajenos a nuestra voluntad y conciencia.
10. Mito de la equivalencia: creencia de que «amor» y «enamoramiento» son equivalentes, y por tanto, que si uno deja de estar apasionadamente enamorado es que ya no ama a su pareja.
11. Mito del emparejamiento: creencia de que la pareja (un hombre y una mujer) es algo natural y universal, por lo que en todas las épocas y culturas el ser humano ha tendido por naturaleza a emparejarse.
Algunas personas sufren ligeras alteraciones en dichas proteínas. Esta pequeña diferencia puede resultar vital a la hora de ser o no víctimas de la infección. Si el cambio favorece al virus entonces estarán más desprotegidas. Si, por el contrario, impide el enganche de este pueden llegar a ser totalmente inmunes.
Nuestra mente contiene varios sitios de anclaje para el virus romántico. Son estructuras mentales que favorecen la entrada y reproducción de este virus. Pero, a diferencia de las físicas, no son producto de la expresión de un determinado gen, se introducen en la mente durante nuestra educación y permanecen ahí a la esperando la infección para favorecerla.
Los mitos del amor romántico son un ejemplo de este tipo de estructuras. Están en nuestra mente preparados para servir de puerta de entrada al virus. Se trata de explicaciones simplistas, a menudo falsas, muy oportunas cuando nos encontramos ante situaciones estresantes o simplemente desconcertantes. El tipo de situaciones que el romanticismo utiliza para colonizar nuestra mente.
El profesor Yela, en un magnífico libro titulado “El amor desde la psicología social” ha determinado la existencia de diez mitos del amor romántico. Algunos son absurdos, otros imposibles y todos una forma de perder tiempo y energía en la persecución de espejismos.
La ventaja de trabajar con este tipo de estructuras mentales es que podemos hacerlas desaparecer si utilizamos la razón y la crítica. Algo de momento imposible con los antígenos diana de nuestro organismo. En próximas entregas trataremos, o mejor destrozaremos, cada uno de los mitos. Por ahora me conformo con enumerarlos:
1. Mito de la media naranja: creencia de que hemos elegido la pareja que teníamos predestinada de alguna forma, y que ha sido la única o la mejor elección posible.
2. Mito de la exclusividad: creencia de que el amor romántico sólo puede sentirse por una única persona (al mismo tiempo).
3. Mito de la fidelidad: creencia de que todos los deseos pasionales, románticos y eróticos, deben satisfacerse exclusivamente con una única persona: la propia pareja.
4. Mito de los celos: creencia de que los celos son un signo de amor e incluso requisito indispensable del «verdadero amor».
5. Mito del matrimonio o convivencia: creer que el amor romántico-pasional debe conducir a la unión estable de la pareja, y constituirse en la (única) base del matrimonio (o de la convivencia en pareja).
6. Mito de la omnipotencia: creencia de que «el amor lo puede todo», y, por tanto, si hay verdadero amor no deben influir decisivamente los obstáculos externos o internos sobre la pareja.
8. Mito de la perdurabilidad (o de la pasión eterna): creencia de que el amor romántico y pasional de los primeros meses puede y debe perdurar tras miles de días (y noches) de convivencia.
9. Mito del libre albedrío: creer que nuestros sentimientos amorosos son absolutamente íntimos y no están influidos por factores sociobiológico-culturales ajenos a nuestra voluntad y conciencia.
10. Mito de la equivalencia: creencia de que «amor» y «enamoramiento» son equivalentes, y por tanto, que si uno deja de estar apasionadamente enamorado es que ya no ama a su pareja.
11. Mito del emparejamiento: creencia de que la pareja (un hombre y una mujer) es algo natural y universal, por lo que en todas las épocas y culturas el ser humano ha tendido por naturaleza a emparejarse.
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