jueves, 27 de agosto de 2009

Los candados del Puente Milvio


El virus romántico es capaz de transformar cualquier memez en un acto virtuoso. Si además la acción es inútil, peligrosa o perniciosa para el medio ambiente, mejor que mejor.
Este sin duda el caso de una bonita costumbre iniciada por un escritor de novelas altamente edulcoradas. Estoy hablando de Federico Moccia.
En su novela “Tengo ganas de Ti” los protagonistas sellan su amor (supuestamente para toda la eternidad) poniendo sus iniciales a un candado y poniendo dicho cando en el tercer farol del Puente Milvio, en Roma.
Federico Moccia decidió iniciar la moda imitando a los personajes de su libro. Como un cruel doctor Muerte cualquiera introdujo una mutación en el virus y este se diseminó de forma espectacular. Consecuencia: un monumento histórico del Patrimonio Nacioal Italiano víctima del vandalismo romántico. Miles de candados cuelgan del citado farol que ya ha caído un par de veces.

Estas cosas ocurren, actos incívicos en masa como las micciones nocturnas del barrio del Raval en Barcelona son un ejemplo. Pero lo realmente distintivo en este caso es la falta de crítica por parte del público en general.
Si una banda de punkis decidiera poner de manifiesto su admiración por algún cantante colgando imperdibles y cadenas del monumento a Giuseppe Manzini, una ola de indignación ciudadana se levantaría pidiendo la restitución de la dignidad de uno de los padres de la patria italiana. Pero como se hace en nombre del amor todos exclamamos: ¡Que bonito!
Y luego está el simbolismo ¿Qué es esto de simbolizar la pareja con un candado? Las relaciones entre las personas que se quieren deben basarse en la libertad de romper en cualquier momento. De otra forma no pueden considerarse relaciones amorosas.
Ya hemos visto los efectos sobre el pensamiento crítico de la infección romántica. Con la suspensión, esperemos que temporal i reversible, del juicio emergen aquellos tópicos inoculados en nuestra mente por la educación. Y en nuestra cultura, no lo olvidemos, la pareja se considera como un ente cerrado y eterno, aún resuena en nuestra mente el “hasta que la muerte los separe”.
Como siempre, el mejor remedio contra este nefasto virus es el espíritu crítico y el humor. Mucho humor, que no falte. Por favor, no os toméis estas cosas en serio.

viernes, 21 de agosto de 2009

Shakira



El último vídeo de Shakira ha producido un cierto revuelo entre el público en general. Las mentes bienpensantes de este país lo encuentran demasiado subido de tono. Algo bastante sorprendente porque los videos de la cantante acostumbran a tener un alto tono erótico.
¿Qué tiene este de especial? Me temo que la diferencia no está en la estética del vídeo, los movimientos sensuales de la artista o el body de color carne que insinúa desnudez. Creo que el problema está en la letra.
A los machitos de este país no les gustaba una Sahkira arrastrándose por el fango cantando “Contigo mi vida quiero vivir la vida” o diciendo a los cuatro vientos “Yo me propongo ser de ti”. Ahora deben haberse queda un poco pasmados con una estrofa como esta:
“Por fin he encontrado un remedio infalible que borre del todo la culpaNo pienso quedarme a tu lado mirando la tele y oyendo disculpasla vida me ha dado un hambre voraz y tu apenas me das caramelosMe voy con mis piernas y mi juventud por ahí aunque te maten los celos.”
O como esta:
“Llevo conmigo un radar especial para localizar solterosSi acaso me meto en aprietos también llevo el número de los bomberosni tipos muy lindos ni divos ni niños ricos yo se lo que quieropasarla muy bien y portarme muy mal en los brazos de algún caballero”
Hasta ahora en las canciones, al menos las más famosas, la chica se mostraba sexy pero pasiva, preocupada por conseguir el amor de un caballero, o a disposición del destino. En esta canción las cosas cambian. Resulta que la señora decide salir a buscar lo que no le dan en casa. Sin culpa ni remordimientos, sin esconderse, con la cara alta. Esto si es una verdadera trasgresión. Esto si le rompe los esquemas a más de uno.
Y es que el virus romántico nos tiene la cabeza comida con bellas durmientes a la espera de un caballero que las despierte. Como ya he dicho en otras entradas de este blog el romanticismo enreda los pensamientos y suspende el pensamiento crítico. De esta manera las ideas “de toda la vida” pueden permanecer en la mente de las personas sin peligro a ser sustituidas por otras de progresistas.
Este caso me recuerda el escándalo provocado por el vídeo de Pereza titulado “Margot” donde una chica tenía un encuentro íntimo con su vibrador. El problema no era el onanismo en si, era la visión de una chica pasándoselo muy bien sin la compañía de un caballero, por iniciativa propia y sin dar lástima. Vídeo que no os puedo insertar porque no deja Youtube, si fuera de un tío destripando a otro seguro que no habría tanto problema. Os dejo el link, espero que funcione. http://www.youtube.com/watch?v=JXEj8CfhWvk
Me alegra mucho que Shakira haya sacado una canción que produzca estos sentimientos, es una buena oportunidad para que los hombres reaccionemos y dejemos atrás prejuicios sexistas. Los inteligentes lo harán, los ceporros deberán esperar a otra oportunidad.
Por último quisiera decir que existen hombres (entre ellos me incluyo) capaces de aceptar que una señora tome la iniciativa sin por ello sentirnos en absoluto atacados en nuestra masculinidad. Todo lo contrario, es un alivio porque estar todo el día con la lanza en ristre salvando blancanieves es agotador.

sábado, 4 de julio de 2009

El Nacionalismo

Si en algo es tremendamente eficaz el virus romántico es en transformar ideas de progreso en auténticas patochadas. Ávido como está de empozañar el pensamiento con deseos de irracionalidad y magia consigue destruir toda idea racional, propiciando la aparición de los famosos monstruos que advertía Goya en su grabado sobre el sueño de la razón.
Una de sus víctimas ha sido la idea de nación. Un concepto incubado durante la Ilustración cuyo nacimiento data de 1789 cuando la "Nación Francesa" se autodesignó como soberana por encima del propio rey. Los ciudadanos y sus representantes asumían, al menos de forma teórica, la autoridad ejecutiva y el poder legislativo. Todo el Estado pasaba de estar al servicio del Rey y su poder absoluto al de la Nación y su poder democrático.
Por primera vez en la Historia el proceso de cambio iba a otorgar parte del poder estatal a los ciudadanos y no por privilegio o cesión real, sino por derecho propio. Este concepto de nación era progresista y transformador, un impulso hacia la modernidad.
Con la llegada de Napoleón y su posterior derrota el Antiguo Régimen volvió a apoderarse de Europa. Empezó entonces una pesadilla para todos aquellos ilustrados que habían puesto su esperanza en derrocar la sociedad estamental. Una pesadilla terrorífica y sangrienta. En todo el continente se desató la persecución de cualquier intelectual mínimamente progresista. La policía nacional de España tiene el triste honor de haber sido creada durante este período, que aquí se llamó “La década ominosa”.
Paralelamente a la represión de la ideología de progreso fue apareciendo una idea inofensiva y hasta agradable para el poder: El nacionalismo. Si la nación partía de un pacto democrático entre todos los ciudadanos, el nacionalismo creía ver las raíces del país en unos idealizados tiempos remotos. Tiempos heroicos en los que las damas suspiraban por sus caballeros y estos se sacrificaban por ellas y por la justicia.
El virus romántico encontró en los pensadores defraudados o en los inconformistas incapaces de organizarse, el caldo de cultivo donde crecer y parasitar los ideales democráticos. Empezaron a manifestarse poseídos por sentimientos patrióticos, a exaltar costumbres vetustas, a pensar en pasados gloriosos y, sobre todo, a sentir el espíritu del pueblo.
Si hasta entonces habían despreciado ciertas costumbres los campesinos por considerarlas supersticiosas, ahora las convertían en hermosas leyendas. Los bosques y caminos se llenaron de ridículos caminantes en busca de costumbres ancestrales para aprender a ser más alemanes, más franceses, más españoles o más catalanes que el resto de sus conciudadanos.
En lugar de preocuparse por las desigualdades y la injusticia rampante, los nacionalistas proponían la comunión espiritual de todos los habitantes del país. Así la nación, unida por fin, podría alcanzar la gloria eterna.
Como de la gloria ni se come ni se vive, los obreros y las clases medias sólo obtuvieron sufrimientos y penurias. Los poderosos, por su parte, vieron con muy buenos ojos esos movimientos de exaltación patriótica porque no ponían en duda su capacidad de liderazgo. Muy al contrario varios reyes y emperadores de mente estrecha e inteligencia escasa se vieron favorecidos al convertirse en símbolos andantes de esta nueva forma de nación.
Todos los países tienen monumentos a la irracionalidad y a la irrazonabilidad en forma de estatuas, cuadros, poemas y escritos patrióticos. Basta con ver un partido de futbol entre selecciones o entre clubs emblemáticos para darse cuenta de cuan infectado está el cerebro de algunas personas.
Inventar el espíritu de pueblo o de nación es una de las estupideces más graves que ha podido cometer el ser humano. Esta idea ha llevado a millones de personas a la tumba. No en vano el virus romántico es necrófilo.
No se si podremos librarnos alguna vez de esta pandemia, pero valdría la pena el esfuerzo, seguro que ha matado más gente que la que pueda matar el nuevo virus de la gripe A.

lunes, 16 de febrero de 2009

El principio de Eva

Confieso que hasta hace unos días yo vivía sumido en el más absoluto de los engaños. Creía sinceramente estar ayudando a la población femenina es su lucha por mejorar las condiciones de vida, a superar miles de años de explotación y a liberarse de las cadenas del Patriarcado. Pensaba que estaba luchando por propiciar unas mejores relaciones entre los seres humanos basadas en el respeto, la igualdad y el cariño.
Así pensaba yo hasta que vi la luz. Eva Herman y su libro “El principio de Eva” me abrieron los ojos. Fue con su lectura como me di cuenta que había sido seducido por el canto de sirena de cuatro feministas criptolésbicas. Había caído en el pozo de la desmasculinización y perdido mis referentes de hombre. Mi virilidad estaba hecha pedazos. En poco tiempo me vería meando sentado bajo el yugo de furibundas marimachos.
Y todo ese sacrificio para nada. Porque según la escritora el Movimiento Feminista no había traído más que desgracias a las mujeres. Antes – y no lo sabía, lo juro – vivían en el paraíso doméstico, aisladas de la crueldad competitiva del mundo laboral. Eran tratadas como reinas y podían desarrollar su instinto maternal, educar, criar a sus hijos, charlar con las vecinas, ir a la peluquería o comprar las provisiones en el supermercado eran algunos de los placeres de los que ya no gozan las mujeres en la actualidad.
El resultado de toda esa revolución sexual han sido familias desestructuradas, mujeres estresadas, niños con Síndrome de Alienación parental y miles, millones de hombres desorientados. Hombres castrados.
Bueno, supongo que quien me conozca habrá captado la ironía de las palabras expuestas hasta ahora. Ni el libro me gustó, ni me gusta la ideología de la autora y mucho menos sus soluciones.
Si hablo de él es para mostrar cómo el virus romántico actúa sobre las personas cuando carecen de defensas ideológicas suficientemente fuertes. Dificultades o retrocesos en el avance social pueden hacernos pensar en que el esfuerzo de generaciones anteriores por cambiar las cosas ha sido en vano. Es entonces cuando actúa el virus romántico. Idealizando esos tiempos pasados nos hace pensar en la necesidad de volver a prácticas y usos ya superados.
Ocurrió después de la Revolución Francesa, precisamente en el llamado periodo Romántico. Fue entonces cuando se creó esa concepción de la Edad Media llena de nobles caballeros dispuestos a batirse por honor y damas desvalidas ansiosas por caer en sus brazos. La Nobleza, desbancada del poder por la burguesía, intentaba convencer a los perdedores de la Revolución Industrial de la necesidad de volver al Absolutismo. El virus romántico contribuía a promover la involución infectando las mentes de las personas.
El Movimiento socialista, por su parte, intentaba crear una alternativa más justa sin volver a las instituciones medievales. En su himno más emblemático: La Internacional, puede leerse un canto al progreso frente a los involucionistas.

Una de sus estrofas dice así:
El pasado hay que hacer añicos.
Legión esclava en pie a vencer.
El mundo va a cambiar de base,
los nada de hoy todo ha de ser.
En estos tiempos posmodernos abundan los nostálgicos del patriarcado. Aprovechando el justo malestar de muchas mujeres, cuyas expectativas no se han visto cumplidas, intentan seducirlas para que abracen las viejas ideas, vuelvan a sus roles clásicos y renuncien a los logros conseguidos durante los últimos años del siglo XX.
Es natural que mucha gente se sienta defraudada, pero ese desanimo no es consecuencia de lo ya conseguido. Es fruto de un proceso detenido y algunos aspectos cambiado de dirección. La solución no está en que las mujeres vuelvan a ser como nuestras abuelas, está en conseguir la igualdad real entre los sexos. Es necesario hacer oídos sordos a los cantos de sirena de la caverna, vacunarse contra el romanticismo y avanzar hacia mayores cuotas de progreso social.

viernes, 1 de agosto de 2008

Sexo en Nueva York. La película

Es realmente lamentable asistir a las últimas horas de un paciente infectado por un virus. La infección se descontrola, se generan millones de partículas en el interior de sus células provocando su estallido. Tejidos y órganos sufren una alteración importante llegando en ocasiones a licuarse.
Así ocurre con el virus de la gripe (sus cepas más virulentas) o el Ébola. El SIDA no llega a esta fase, son las enfermedades oportunistas las que terminan con el huésped.
Lo ocurrido con el original, fresco y divertido argumento de Sexo en Nueva York es una mezcla de ambos procesos. Por un lado ha perdido todas las defensas. La ironía y la crítica mordaz fueron eliminadas poco a poco de la serie y en la película son inexistentes. Como consecuencia, patógenos oportunistas como la cursilería, la banalidad, el sexismo y sobre todo el romanticismo se han apoderado absolutamente de su cuerpo.
El resultado es una película insulsa, políticamente correcta, dedicada a la publicidad de la moda y los coches de lujo. Un canto a la familia nuclear con algunas capas mal aplicadas de pseudoprogresismo puramente formal.
De las cuatro amigas, la única con una vida estable y equilibrada es Charlotte. Es la única de las cuatro amigas cuya vida va viento en popa, adopta una niña, se queda embarazada y además tiene la vida sexual más activa de las cuatro, literalmente flota de felicidad. Miranda es ya una bruja con todas las letras, sus expresiones harían palidecer de envidia a la madrastra de Blancanieves. Samanta es una salida cuyo “problema” le impide continuar con su pareja. Charlotte. Y la protagonista pasa por un calvario sentimental tras intentar casarse con el “amor de su vida”, un calvario en parte producto de su histerismo y de la neurosis de su amiga Miranda.
El mensaje es alto y claro: Dejaos de chorradas liberacionistas, si queréis tener una vida normal casaos o arrejuntaos para toda la vida. Porque otros estilos de vida solamente os llevarán al sufrimiento y la desesperación. La libertad es cosa de hombres.
La infección empieza a ser crítica desde el principio del film, uno va viendo como los tejidos se hinchan, hay hemorragias por todas partes. El paciente es casi un cadáver a los pocos minutos de empezar. Por todas partes de ven pústulas de moralina puritana y el cuerpo tiene el olor dulzón del romanticismo empalagoso.
Los episodios críticos se van sucediendo. El paciente sufre ataques y estos se manifiestan en situaciones como la suspensión de la boda, que ocurre porque ella no es capaz de comprender las dudas de su novio – dudas inducidas por la “bruja” de su amiga - y en un ataque de histeria le rompe el ramo de flores en la cabeza. Se dan episodios agudos de todo tipo. Algunos son romanticones, otros sexistas, hay de todo. Como en un paciente inmunodeprimido que se consume por acción de las enfermedades oportunistas. He aquí algunos ejemplos:



1. Tras el fiasco de la boda las cuatro amigas van a México para animarse.
Es entonces cuando ocurre esta escena:
Voz de la narradora: Después del ejercicio, Charlotte no pudo dudar pensar en lo muy afortunada que era. Esa semana le estaba más agradecida que nunca a Dios por concederle un matrimonio feliz. Y por un segundo, mientras pensaba en la familia que había dejado en Nueva York, olvidó donde estaba y abrió la boca.
Al ducharse traga algo de agua y pilla una gastroenteritis.
Nota: Esto es lo único negativo que le pasa a este personaje que derrocha felicidad por todos los poros de su piel.



2. En un momento de la película la protagonista decide contratar a un ayudante. Tras descartar a varios candidatos elige a una chica tras este diálogo:

- ¿Y Alguna vez has sido la asistente de alguien?
- No, pero soy la mayor de seis hermanos, así que creo que podré hacer cualquier cosa.
- Vaya, seis críos ¿Cómo es eso?
- Agotador. Me vine a Nueva York para tener un poco de espacio ¿y donde he acabado? En un apartamento de un dormitorio con tres compañeras.
- Y a parte de lo del espacio ¿A qué viniste a Nueva York?
- A enamorarme…. ¿Qué? Suena cursi ¿no?
- No, no, no Louis, suena muy sincero. Me parece que no he oído decir eso a nadie desde hace mucho tiempo.

NOTA: No me extraña
Y la contrata. Sin comentarios.

3. La protagonista está leyendo el cuento de la Cenicienta a la niña adoptada de Charlotte. Cuando termina le dice: “Oye, tú sabrás que esto es sólo un cuento de hadas. Las cosas no suelen pasar así en la vida real. Creo que deberías saberlo desde ya” a lo que la niña contesta “Otra vez” y ella replica “Otra que morderá el polvo”.
Las interrumpe Charlotte que proclama exultante de felicidad “Estoy embarazada…. ¿Sabes? Siempre había oído decir que cuando dejas de intentarlo ocurre. Y mi doctora dice que conoce a otras parejas que adoptaron y luego les pasó”
La escena termina con el comentario en of de Carrie: “Supongo que en algunos hogares los cuentos se hacen realidad”.
NOTA: Sólo falta un cartelito con un texto parecido a este: “Escena patrocinada por el Partido Republicano”.


4. Carrie está de mudanza con su ayudante y al manipular una caja, esta se abre y aparece el vestido de novia.

- ¿Quieres que me deshaga del él? Dice la secretaria.
- No, no, es tan bonito. Simplemente, lo enterraré, igual que he hecho con mis sentimientos.
- ¿Lo echas de menos?
- A diario. Veras es raro…. No he llorado mucho por esto. No se, puede, puede que tengamos asignado cierto número de lágrimas por hombre. Y yo haya usado ya todas las suyas.
Si, se como te sientes. Porque mi novio de San Luis me dejó el año pasado. Todavía lo echo de menos.


Voz de la narradora: De repente me di cuenta. En mi armario había dos corazones rotos.

Y se van al bar a ahogar las penas.

- Me dolió un montón – dice la asistente- Porqué yo creí que Will, se llama así, era el amor de mi vida.
- Y que pasó. Interrumpe Carrie.
- Dijo que me quería mucho pero que yo no era su media naranja. Me hizo mucho daño. Pero ¿Sabes? Me da igual. No pienso renunciar al amor.
- Bien. Vuelve a interrumpir la escritora.
- ¿Ves esto? – y le enseña un llavero donde está escrita la palabra “Love” – Esto es amor y lo intento atraer todo el tiempo.

Nota: No me lo he inventado. Os lo juro.

Escenas de este tipo se van sucediendo una tras otra. Ahora los síntomas son evidentes y el espectáculo empieza a ser dantesco. Uno no puede evitar sentir arcadas y abandonar temporalmente el lecho mortuorio. El virus romántico está terminando con el paciente y el final es especialmente duro.
El último estertor se manifiesta cuando Carrie va al apartamento que había compartido con Big para recuperar unos zapatos, cómo no. Y al abrir la puerta del vestidor se lo encuentra el él. La voz de narradora que ha acompañado toda la película dice: “Aquello no era lógico. Era amor” y ambos protagonistas se funden en un abrazo.
Y tras una breve y casta charla vestidos pero descalzos – La protagonista es la única que no tiene orgasmos, bueno los tiene cuando ve un vestido o unos zapatos, pero no en intercambios carnales - él decide que no le propuso matrimonio de forma correcta. Y rectifica diciendo: “Amor de mi vida quieres casarte conmigo” y le coloca uno de los zapatos en el pie.
Una lástima, una verdadera lástima ver cómo un intento por reivindicar el derecho de las mujeres al placer erótico, termina, a manos del virus romántico, en una masa informe y apestosa. Y uno, movido por la compasión y sintiéndose impotente ante lo irreversible del proceso, ruega por que termine la película o sale escopeteado de la sala para no presencial el final.

Última nota: Muchas gracias Mada por tu advertencia. Pero me temo que llegó tarde, cuando la leí ya había visto la película.
Y, por supuesto me interesó mucho tu opinión.
Cualquier comentario será bien venido, aunque no sea favorable.

domingo, 6 de julio de 2008

Sexismo en Nueva York

Muchos de vosotros os preguntareis qué tiene que ver una de las series de televisión supuestamente más transgresoras en materia erótica con el romanticismo. Pues precisamente esto, que su trasgresión es teórica, puramente teórica.Por si alguien la conoce “Sexo en Nueva York” es la historia de cuatro amigas, de las cuales una (Jesica Parker) es la protagonista y narradora. Capítulo tras capítulo asistimos a sus aventuras eroticosentimentales así como a las opiniones de cada una sobre el sexo y los hombres.Si atuviéramos en los años sesenta cuando oír hablar a una mujer de estos temas era un escándalo, podríamos hablar de una serie rompedora. Pero a principios de siglo XXI, un momento de verborrea sexológica generalizada, lo importante es el mensaje.Y el mensaje de esta serie no es precisamente liberal o progresista. De entrada no se trata de mujeres de clases precisamente populares. Sus vestidos de lujos, los "manolos" que acostumbran a calzar y las limusinas en las que viajan nos dan a entender un estatus social relativamente alto. El título sería más exacto si fuera algo similar a : "Sexo entre gente rica de Nueva YorK".Por otro lado los personajes protagonistas están basados en tópicos establecidos por el discurso machista y misógino. Tenemos a Charlote, la típica mosquita muerta caza-fortunas. A Miranda, la feminista marimacho, infantofóbica, incapaz de tareas domésticas y cuyas parejas son siempre hombres débiles. Samanta es la liberal, la desinhibida y la juerguista, pero también la superficial, la adicta a tratamientos de belleza y a la que termina normalmente en situaciones ridículas y humillantes.Queda la protagonista: Carrie. Una enamorada del amor de vocación de heroína romántica cuyo objetivo en la vida es combinar su obsesión por la moda con una historia de amor inolvidable. Es el personaje que marca todo el rato la frontera entre el erotismo para disfrutar (superficial y vacío) y el amor anhelado, que un día encontrará junto con la felicidad eterna.Destaca en la teleserie el tratamiento de los personajes masculinos. Siempre son el contrapunto razonable a la histeria de estas cuatro mujeres. Pueden ser niños grandes, buenazos, calzonzazos, ricos, pobres pero siempre tienen un poco más de sentido común que las protagonistas.En una frase: Si esto es feminista y liberal que baje Simone y lo vea.Si cuento todo esto nos es para hacer una crítica de la serie, sino para poner de manifiesto cuan traicionero puede ser el virus romántico. Incluso cuando se pretende romper con los convencionalismos y dar una visión lúdica y divertida del erotismo, pueden aparecer lugares mentales capaces de ser puntos de infección.Porque es necesario reconocer que en su arranque inicial la serie pretendía ser irónica, divertida y fresca. Empezó con diálogos y situaciones poco comunes, apostando por apoyar el derecho de las mujeres a tener encuentros eróticos simplemente para divertirse. Pero poco a poco se fue convirtiendo en una crítica de este comportamiento, dando en los últimos capítulos un mensaje contrario.Hace unos días se ha estrenado la película. No la he visto, pero si el director no ha tomado ninguna medida profiláctica contra el virus romántico, auguro una “muerte rosa” a lo que había sido, en cierta forma, un símbolo de la América liberal y progresista.

domingo, 4 de mayo de 2008

Películas de Meg Ryan

Si existe una agente diseminadora del virus romántico esta es sin duda la filmografía de la actriz Meg Ryan. Y digo su filmografía porque no puedo hacer responsable de estas fechorías a quien es un mero vehículo.
Ver este tipo de películas, incluso disfrutar de ellas, no es ningún problema. El problema puede venir cuando uno cree en la veracidad de sus argumentos. Si no estamos vacunados podemos sufrir una infección tremenda porque el virus romántico se encuentra agazapado, listo para saltar sobre nosotros, detrás de cada uno de sus fotogramas.
De entre todos estos films destaca por su inverosimilitud y tontería uno titulado: Kate and Leopold. A finales del siglo XIX, un duque venido a menos descubre la presencia de un “viajero en el tiempo” y lo sigue hasta el Nueva York de la actualidad. Hasta aquí puede parecer el argumento de un mala película de ciencia ficción.
La cosa deriva hacia una edulcorada película romántica cuando el tal Leopold se enamora de Kate (Meg Ryan), una publicista de cierto éxito. Él debe regresar a su época, para evitar un desastre cósmico, circunstancia que hace su amor imposible y llena de desgracia a los dos protagonistas.
Pero el “viajero del tiempo”, el que había seguido el duque, descubre a la muchacha en una de las fotografías tomadas durante se viaje al siglo XIX. Liando así la mente del espectador, que ya no entiende nada.
Kate debe ahora regresar al pasado para vivir un futuro de felicidad junto a su amor eterno. Un mérito nada desdeñable, porque con ese gesto renuncia a todas las comodidades de la modernidad y asume una condición subalterna. La de la mujer en 1874.
En nombre del amor romántico y del destino, una profesional de cierto éxito elige dejar su carrera para relegarse a un segundo plano hasta el fin de sus días.
Como he dicho al inicio de este post, no existe ningún problema en disfrutar con este tipo de películas. Lo malo es creérselas, sobre todo si quien lo hace es una mujer, porqué ese es el destino de quienes toman decisiones con la mente nublada por el virus romántico.
Desarrollar el sentido del humor, la ironía y la crítica es sin duda la mejor terapia para superar los efectos de la infección.