En cuanto el cuerpo detecta la presencia de un agente infeccioso el Sistema Inmunitario pone en marcha su maquinaria con el objetivo de eliminar la amenaza. Normalmente lo consigue, pero en determinadas ocasiones tan sólo logra mantener el enemigo a ralla.
Algunos virus, como el causante del herpes labial, permanecen en este estado toda la vida del individuo. Son virus residentes, pueden estar meses e incluso años sin producir ningún síntoma. Cuando ocurre una bajada de defensas – Fruto del estrés, por ejemplo - el “prisionero” se expande de forma local y breve si la bajada es circunstancial o por todo el organismo si es permanente.
Lo mismo ocurre con nuestros virus mentales. Durante la infancia colonizan el cerebro. Después, al desarrollarse la capacidad de crítica se van atenuando. Llega un momento, cuando tenemos una cierta edad, en que si la educación recibida ha sido la correcta el virus queda atenuado. Pero atenuado no quiere decir exterminado. Continúa estando, latente, esperando la caída de la defensa racional.
En dos post del 2007, concretamente:
http://antiromantica.blogspot.com/2007/05/variedad-patriarcal-primera-pandemia.html
http://antiromantica.blogspot.com/2007/06/variedad-patriarcal-segunda-pandemia_04.html
hablé de dos pandemias producidas por la variedad patriarcal del virus romántico. He de reconocer que estaba equivocado. Mi propia observación y la lectura de “La conjura de los machos” de Ambrosio García leal http://www.erotonomia.com/bibliografia/libros/laconjuradelosmachos.html me ha hecho llegar a la conclusión de que estamos delante de una especie, no de una variedad.
Al mezclarse los síntomas dando lugar a comportamientos por un lado estúpidos y por otro claramente machistas, me daba la impresión de estar frente a una variante. Ahora debo revisar mi argumento. La ciencia es así.
El virus patriarcal fue descrito por este autor en 2005. Se trata de un virus mental altamente infectivo cuyo efecto más pernicioso es activar el deseo enfermizo de controlar la sexualidad femenina con el único propósito de asegurar que la descendencia de su pareja es suya y sólo suya. Tiene su origen en un momento de la Evolución, concretamente cuando el macho humano relaciona coito con reproducción.
Este virus embotó la mente de hombres y mujeres dando lugar a una sociedad machista donde las hembras pasaron a ser propiedad de sus maridos, padres o dioses, dejando algunas para disfrute público: Las prostitutas.
Hasta bien entrado el siglo XIX no empezaron los individuos de nuestra especie a liberarse de esta infección. Desarrollando argumentos filosóficos y políticos consiguieron atenuar, que no eliminar este virus de sus mentes. En la actualidad, aunque no todas las personas consiguen dominarlo, existen más y mejores defensas contra el virus patriarcal.
Pero todas estas defensas flaquean cuando del individuo sufre la infección romántica. El sistema de crítica racional se ve afectado de forma muy notable, tanto que a veces se suspende el juicio.
La bajada de defensas racionales deja al virus patriarcal vía libre para volver a colonizar la mente. Se manifiestan entonces ideas y sentimientos de corte machista que antes ni siquiera se nos ocurrían.
Es muy frecuente ver comportamientos machistas en los individuos infectados por el virus romántico, tanto da si son hombres o mujeres. Se dan transformaciones ciertamente asombrosas. La mujer independiente y concienciada, segura de si misma se vuelve, de golpe y porrazo, en un monigote en manos de un chulopiscinas. El hombre liberal, tolerante e igualitario pasa a ser un “Otello” y ve cuernos por todos lados. Pero el filtro romántico evita cualquier juicio crítico y lo vemos como una bonita prueba de que están enamorados.
Y esto son banalidades al lado de las consecuencias realmente serias de este patógeno. Porque la enclaustración de las mujeres, el maltrato o el asesinato por celos tienen su origen en la educación patriarcal. Y esa educación la hemos recibido todos y todas. Un conjunto de ideas tóxicas de efectos letales para las relaciones entre las personas.
No todo el mundo responde de la misma manera. Si el sistema racional de crítica no ha quedado muy afectado, la mente puede volver a tener el dominio de la situación. Si consigue actuar a tiempo la infección se vuelve benigna, el virus vuelve al redil y el cerebro puede ya discurrir correctamente.
No existe cura contra la estas infecciones, o al menos yo no la conozco. Pero sí podemos reforzar nuestras defensas practicando una profilaxis a base de crítica y sentido del humor.
Humor, mucho humor. Es una de las claves. Tanto al virus romántico como al virus patriarcal les sienta muy mal el sentido del humor. Porque el humor desdramatiza, le quita trascendencia a las cosas y convierte a los mitos en cosas terrenales. Y la mitología es uno de los pilares del Romanticismo.
No se puede uno fiar de las cosas que no admiten una mirada humorística. Seguro que llevan gato encerrado. Reírse de comportamientos, frases, pensamientos o ideas románticas es una forma bastante eficaz de protegerse.
lunes, 21 de septiembre de 2009
sábado, 12 de septiembre de 2009
La Romantización del amor
Uno de los puntos débiles de nuestra defensa contra el virus romántico nuestra equivocada concepción del Amor.
Antes de la irrupción del Romanticismo en la cultura europea el Amor era por un lado un ideal religioso y por otro un estadio al que se llegaba tras una relación de muchos años. Contrariamente a lo que muestran las películas de Hollywood, los miembros de matrimonios de conveniencia llegaban a establecer lazos de afecto muy fuertes, pese haber sido forzados al enlace.
La inmensa mayoría de las bodas eran acordadas, acordadas por las familias. Se encerraba así a dos personas en una institución para toda la vida, algo totalmente injusto.
No se si es natural o aprendido, pero los miembros de la especie humana tienen tendencia a buscar maneras de violar las normas sociales injustas. El adulterio, el rapto y la huída eran formas de enfrentarse a esta imposición.
Como el discurso sobre los derechos y la igualdad entre las personas no estaba muy desarrollado se recurrió a un diosecillo grecoromano llamado Cupido o Eros. Si un joven huía con una chica para no obedecer el mandato familiar este recurría frecuentemente a la pasión arrebatadora. También lo hacia el casanova de turno o la seducida, el marido o la esposa infiel, el sirviente que se relacionaba con la señora, el amo que tenía relaciones con la esclava, etc. Todos decían: “Me he enamorado” y se sentían aliviados.
Excepto en el caso de los cínicos esto era un proceso inconsciente, una especie de acuerdo social en plan “hecha la ley hecha la trampa”. En realidad estaban reclamando su derecho a emparejarse (o no) con quien les diera la gana, sin interferencia familiar alguna.
Poco a poco la norma social se fue aflojando. El “enamoramiento” corroía el férreo control paterno y social sobre la sexualidad de las personas. Algunos historiadores llegan a afirmar que una chica del siglo XVIII, pese a su educación estrictamente religiosa, tenía seguramente una sexualidad menos condicionada que una de principios del siglo XX. Para no hablar de una duquesa o una marquesa.
El dieciocho de Brumario de 1799 Napoleón Bonaparte daba por clausurada la Revolución Francesa. Con este golpe de estado se paraba en seco el progreso en derechos de las personas por un largo periodo de tiempo. Una ocasión propicia para la infección romántica.
Efectivamente, a partir de esta fecha empezó en Europa la primera pandemia de romanticismo. La suspensión de la crítica, la vuelta a las supersticiones y la fabricación de ideales inútiles marcaron la época.
Es en este período histórico donde se encuentra el origen de error. Faltos de ideales progresistas en los que gastar sus energías, millones de jóvenes se vieron a impulsados a buscar el amor a través del enamoramiento. La pasión, antes excusa para un cierto libertinaje, se convirtió en fundamento de la pareja. Los matrimonios de conveniencia empezaron a decaer ¡Los jóvenes se querían casar enamorados!
El virus romántico lo había logrado. A partir de entonces empezó a cundir la creencia según la cual la pareja debía durar lo que durara la fase de enamoramiento. La fuerza de este pensamiento provocó un ajuste en el sistema matrimonial. Se introdujo el divorcio para evitar desastres mayores como suicidios o asesinatos “por amor”. Hasta entonces las interferencias exteriores en la pareja se habían zanjado con amantes sin afectar a la duración del matrimonio.
Actualmente saludamos la concepción romántica del amor y la vemos como un logro del progreso social. Además, para colmo de despropósitos, hemos convertido al Erotismo en el pegamento mágico de la pareja. Tenemos fobia a las relaciones desapasionadas, en cuanto sentimos decaer el enamoramiento cortamos.
Es hora de darse cuenta de que la relación amorosa se apoya en la comprensión, el cuidado, el refuerzo de la autoestima, la empatía, el conocimiento mutuo, el reconocimiento de la igualdad y la autonomía personal (también en materia erótica). El Erotismo puede estar o no, pero no es en absoluto una pieza clave sin la cual se desmonta la pareja.
Es evidente que los miembros muchas parejas (o tríos o grupos) necesitan terapia, pero terapia contra el virus romántico. Tratar críticamente esta idea tan lamentable puede ayudar mucho a la felicidad individual. Una vez desaparecido el parásito mental seguro que la vida les parece más fácil.
Antes de la irrupción del Romanticismo en la cultura europea el Amor era por un lado un ideal religioso y por otro un estadio al que se llegaba tras una relación de muchos años. Contrariamente a lo que muestran las películas de Hollywood, los miembros de matrimonios de conveniencia llegaban a establecer lazos de afecto muy fuertes, pese haber sido forzados al enlace.
La inmensa mayoría de las bodas eran acordadas, acordadas por las familias. Se encerraba así a dos personas en una institución para toda la vida, algo totalmente injusto.
No se si es natural o aprendido, pero los miembros de la especie humana tienen tendencia a buscar maneras de violar las normas sociales injustas. El adulterio, el rapto y la huída eran formas de enfrentarse a esta imposición.
Como el discurso sobre los derechos y la igualdad entre las personas no estaba muy desarrollado se recurrió a un diosecillo grecoromano llamado Cupido o Eros. Si un joven huía con una chica para no obedecer el mandato familiar este recurría frecuentemente a la pasión arrebatadora. También lo hacia el casanova de turno o la seducida, el marido o la esposa infiel, el sirviente que se relacionaba con la señora, el amo que tenía relaciones con la esclava, etc. Todos decían: “Me he enamorado” y se sentían aliviados.
Excepto en el caso de los cínicos esto era un proceso inconsciente, una especie de acuerdo social en plan “hecha la ley hecha la trampa”. En realidad estaban reclamando su derecho a emparejarse (o no) con quien les diera la gana, sin interferencia familiar alguna.
Poco a poco la norma social se fue aflojando. El “enamoramiento” corroía el férreo control paterno y social sobre la sexualidad de las personas. Algunos historiadores llegan a afirmar que una chica del siglo XVIII, pese a su educación estrictamente religiosa, tenía seguramente una sexualidad menos condicionada que una de principios del siglo XX. Para no hablar de una duquesa o una marquesa.
El dieciocho de Brumario de 1799 Napoleón Bonaparte daba por clausurada la Revolución Francesa. Con este golpe de estado se paraba en seco el progreso en derechos de las personas por un largo periodo de tiempo. Una ocasión propicia para la infección romántica.
Efectivamente, a partir de esta fecha empezó en Europa la primera pandemia de romanticismo. La suspensión de la crítica, la vuelta a las supersticiones y la fabricación de ideales inútiles marcaron la época.
Es en este período histórico donde se encuentra el origen de error. Faltos de ideales progresistas en los que gastar sus energías, millones de jóvenes se vieron a impulsados a buscar el amor a través del enamoramiento. La pasión, antes excusa para un cierto libertinaje, se convirtió en fundamento de la pareja. Los matrimonios de conveniencia empezaron a decaer ¡Los jóvenes se querían casar enamorados!
El virus romántico lo había logrado. A partir de entonces empezó a cundir la creencia según la cual la pareja debía durar lo que durara la fase de enamoramiento. La fuerza de este pensamiento provocó un ajuste en el sistema matrimonial. Se introdujo el divorcio para evitar desastres mayores como suicidios o asesinatos “por amor”. Hasta entonces las interferencias exteriores en la pareja se habían zanjado con amantes sin afectar a la duración del matrimonio.
Actualmente saludamos la concepción romántica del amor y la vemos como un logro del progreso social. Además, para colmo de despropósitos, hemos convertido al Erotismo en el pegamento mágico de la pareja. Tenemos fobia a las relaciones desapasionadas, en cuanto sentimos decaer el enamoramiento cortamos.
Es hora de darse cuenta de que la relación amorosa se apoya en la comprensión, el cuidado, el refuerzo de la autoestima, la empatía, el conocimiento mutuo, el reconocimiento de la igualdad y la autonomía personal (también en materia erótica). El Erotismo puede estar o no, pero no es en absoluto una pieza clave sin la cual se desmonta la pareja.
Es evidente que los miembros muchas parejas (o tríos o grupos) necesitan terapia, pero terapia contra el virus romántico. Tratar críticamente esta idea tan lamentable puede ayudar mucho a la felicidad individual. Una vez desaparecido el parásito mental seguro que la vida les parece más fácil.
jueves, 27 de agosto de 2009
Los candados del Puente Milvio

El virus romántico es capaz de transformar cualquier memez en un acto virtuoso. Si además la acción es inútil, peligrosa o perniciosa para el medio ambiente, mejor que mejor.
Este sin duda el caso de una bonita costumbre iniciada por un escritor de novelas altamente edulcoradas. Estoy hablando de Federico Moccia.
En su novela “Tengo ganas de Ti” los protagonistas sellan su amor (supuestamente para toda la eternidad) poniendo sus iniciales a un candado y poniendo dicho cando en el tercer farol del Puente Milvio, en Roma.
Federico Moccia decidió iniciar la moda imitando a los personajes de su libro. Como un cruel doctor Muerte cualquiera introdujo una mutación en el virus y este se diseminó de forma espectacular. Consecuencia: un monumento histórico del Patrimonio Nacioal Italiano víctima del vandalismo romántico. Miles de candados cuelgan del citado farol que ya ha caído un par de veces.

Estas cosas ocurren, actos incívicos en masa como las micciones nocturnas del barrio del Raval en Barcelona son un ejemplo. Pero lo realmente distintivo en este caso es la falta de crítica por parte del público en general.
Si una banda de punkis decidiera poner de manifiesto su admiración por algún cantante colgando imperdibles y cadenas del monumento a Giuseppe Manzini, una ola de indignación ciudadana se levantaría pidiendo la restitución de la dignidad de uno de los padres de la patria italiana. Pero como se hace en nombre del amor todos exclamamos: ¡Que bonito!
Y luego está el simbolismo ¿Qué es esto de simbolizar la pareja con un candado? Las relaciones entre las personas que se quieren deben basarse en la libertad de romper en cualquier momento. De otra forma no pueden considerarse relaciones amorosas.
Ya hemos visto los efectos sobre el pensamiento crítico de la infección romántica. Con la suspensión, esperemos que temporal i reversible, del juicio emergen aquellos tópicos inoculados en nuestra mente por la educación. Y en nuestra cultura, no lo olvidemos, la pareja se considera como un ente cerrado y eterno, aún resuena en nuestra mente el “hasta que la muerte los separe”.
Como siempre, el mejor remedio contra este nefasto virus es el espíritu crítico y el humor. Mucho humor, que no falte. Por favor, no os toméis estas cosas en serio.
viernes, 21 de agosto de 2009
Shakira
El último vídeo de Shakira ha producido un cierto revuelo entre el público en general. Las mentes bienpensantes de este país lo encuentran demasiado subido de tono. Algo bastante sorprendente porque los videos de la cantante acostumbran a tener un alto tono erótico.
¿Qué tiene este de especial? Me temo que la diferencia no está en la estética del vídeo, los movimientos sensuales de la artista o el body de color carne que insinúa desnudez. Creo que el problema está en la letra.
A los machitos de este país no les gustaba una Sahkira arrastrándose por el fango cantando “Contigo mi vida quiero vivir la vida” o diciendo a los cuatro vientos “Yo me propongo ser de ti”. Ahora deben haberse queda un poco pasmados con una estrofa como esta:
“Por fin he encontrado un remedio infalible que borre del todo la culpaNo pienso quedarme a tu lado mirando la tele y oyendo disculpasla vida me ha dado un hambre voraz y tu apenas me das caramelosMe voy con mis piernas y mi juventud por ahí aunque te maten los celos.”
O como esta:
“Llevo conmigo un radar especial para localizar solterosSi acaso me meto en aprietos también llevo el número de los bomberosni tipos muy lindos ni divos ni niños ricos yo se lo que quieropasarla muy bien y portarme muy mal en los brazos de algún caballero”
Hasta ahora en las canciones, al menos las más famosas, la chica se mostraba sexy pero pasiva, preocupada por conseguir el amor de un caballero, o a disposición del destino. En esta canción las cosas cambian. Resulta que la señora decide salir a buscar lo que no le dan en casa. Sin culpa ni remordimientos, sin esconderse, con la cara alta. Esto si es una verdadera trasgresión. Esto si le rompe los esquemas a más de uno.
Y es que el virus romántico nos tiene la cabeza comida con bellas durmientes a la espera de un caballero que las despierte. Como ya he dicho en otras entradas de este blog el romanticismo enreda los pensamientos y suspende el pensamiento crítico. De esta manera las ideas “de toda la vida” pueden permanecer en la mente de las personas sin peligro a ser sustituidas por otras de progresistas.
Este caso me recuerda el escándalo provocado por el vídeo de Pereza titulado “Margot” donde una chica tenía un encuentro íntimo con su vibrador. El problema no era el onanismo en si, era la visión de una chica pasándoselo muy bien sin la compañía de un caballero, por iniciativa propia y sin dar lástima. Vídeo que no os puedo insertar porque no deja Youtube, si fuera de un tío destripando a otro seguro que no habría tanto problema. Os dejo el link, espero que funcione. http://www.youtube.com/watch?v=JXEj8CfhWvk
Me alegra mucho que Shakira haya sacado una canción que produzca estos sentimientos, es una buena oportunidad para que los hombres reaccionemos y dejemos atrás prejuicios sexistas. Los inteligentes lo harán, los ceporros deberán esperar a otra oportunidad.
Por último quisiera decir que existen hombres (entre ellos me incluyo) capaces de aceptar que una señora tome la iniciativa sin por ello sentirnos en absoluto atacados en nuestra masculinidad. Todo lo contrario, es un alivio porque estar todo el día con la lanza en ristre salvando blancanieves es agotador.
sábado, 4 de julio de 2009
El Nacionalismo
Si en algo es tremendamente eficaz el virus romántico es en transformar ideas de progreso en auténticas patochadas. Ávido como está de empozañar el pensamiento con deseos de irracionalidad y magia consigue destruir toda idea racional, propiciando la aparición de los famosos monstruos que advertía Goya en su grabado sobre el sueño de la razón.
Una de sus víctimas ha sido la idea de nación. Un concepto incubado durante la Ilustración cuyo nacimiento data de 1789 cuando la "Nación Francesa" se autodesignó como soberana por encima del propio rey. Los ciudadanos y sus representantes asumían, al menos de forma teórica, la autoridad ejecutiva y el poder legislativo. Todo el Estado pasaba de estar al servicio del Rey y su poder absoluto al de la Nación y su poder democrático.
Por primera vez en la Historia el proceso de cambio iba a otorgar parte del poder estatal a los ciudadanos y no por privilegio o cesión real, sino por derecho propio. Este concepto de nación era progresista y transformador, un impulso hacia la modernidad.
Con la llegada de Napoleón y su posterior derrota el Antiguo Régimen volvió a apoderarse de Europa. Empezó entonces una pesadilla para todos aquellos ilustrados que habían puesto su esperanza en derrocar la sociedad estamental. Una pesadilla terrorífica y sangrienta. En todo el continente se desató la persecución de cualquier intelectual mínimamente progresista. La policía nacional de España tiene el triste honor de haber sido creada durante este período, que aquí se llamó “La década ominosa”.
Paralelamente a la represión de la ideología de progreso fue apareciendo una idea inofensiva y hasta agradable para el poder: El nacionalismo. Si la nación partía de un pacto democrático entre todos los ciudadanos, el nacionalismo creía ver las raíces del país en unos idealizados tiempos remotos. Tiempos heroicos en los que las damas suspiraban por sus caballeros y estos se sacrificaban por ellas y por la justicia.
El virus romántico encontró en los pensadores defraudados o en los inconformistas incapaces de organizarse, el caldo de cultivo donde crecer y parasitar los ideales democráticos. Empezaron a manifestarse poseídos por sentimientos patrióticos, a exaltar costumbres vetustas, a pensar en pasados gloriosos y, sobre todo, a sentir el espíritu del pueblo.
Si hasta entonces habían despreciado ciertas costumbres los campesinos por considerarlas supersticiosas, ahora las convertían en hermosas leyendas. Los bosques y caminos se llenaron de ridículos caminantes en busca de costumbres ancestrales para aprender a ser más alemanes, más franceses, más españoles o más catalanes que el resto de sus conciudadanos.
En lugar de preocuparse por las desigualdades y la injusticia rampante, los nacionalistas proponían la comunión espiritual de todos los habitantes del país. Así la nación, unida por fin, podría alcanzar la gloria eterna.
Como de la gloria ni se come ni se vive, los obreros y las clases medias sólo obtuvieron sufrimientos y penurias. Los poderosos, por su parte, vieron con muy buenos ojos esos movimientos de exaltación patriótica porque no ponían en duda su capacidad de liderazgo. Muy al contrario varios reyes y emperadores de mente estrecha e inteligencia escasa se vieron favorecidos al convertirse en símbolos andantes de esta nueva forma de nación.
Todos los países tienen monumentos a la irracionalidad y a la irrazonabilidad en forma de estatuas, cuadros, poemas y escritos patrióticos. Basta con ver un partido de futbol entre selecciones o entre clubs emblemáticos para darse cuenta de cuan infectado está el cerebro de algunas personas.
Inventar el espíritu de pueblo o de nación es una de las estupideces más graves que ha podido cometer el ser humano. Esta idea ha llevado a millones de personas a la tumba. No en vano el virus romántico es necrófilo.
No se si podremos librarnos alguna vez de esta pandemia, pero valdría la pena el esfuerzo, seguro que ha matado más gente que la que pueda matar el nuevo virus de la gripe A.
Una de sus víctimas ha sido la idea de nación. Un concepto incubado durante la Ilustración cuyo nacimiento data de 1789 cuando la "Nación Francesa" se autodesignó como soberana por encima del propio rey. Los ciudadanos y sus representantes asumían, al menos de forma teórica, la autoridad ejecutiva y el poder legislativo. Todo el Estado pasaba de estar al servicio del Rey y su poder absoluto al de la Nación y su poder democrático.
Por primera vez en la Historia el proceso de cambio iba a otorgar parte del poder estatal a los ciudadanos y no por privilegio o cesión real, sino por derecho propio. Este concepto de nación era progresista y transformador, un impulso hacia la modernidad.
Con la llegada de Napoleón y su posterior derrota el Antiguo Régimen volvió a apoderarse de Europa. Empezó entonces una pesadilla para todos aquellos ilustrados que habían puesto su esperanza en derrocar la sociedad estamental. Una pesadilla terrorífica y sangrienta. En todo el continente se desató la persecución de cualquier intelectual mínimamente progresista. La policía nacional de España tiene el triste honor de haber sido creada durante este período, que aquí se llamó “La década ominosa”.
Paralelamente a la represión de la ideología de progreso fue apareciendo una idea inofensiva y hasta agradable para el poder: El nacionalismo. Si la nación partía de un pacto democrático entre todos los ciudadanos, el nacionalismo creía ver las raíces del país en unos idealizados tiempos remotos. Tiempos heroicos en los que las damas suspiraban por sus caballeros y estos se sacrificaban por ellas y por la justicia.
El virus romántico encontró en los pensadores defraudados o en los inconformistas incapaces de organizarse, el caldo de cultivo donde crecer y parasitar los ideales democráticos. Empezaron a manifestarse poseídos por sentimientos patrióticos, a exaltar costumbres vetustas, a pensar en pasados gloriosos y, sobre todo, a sentir el espíritu del pueblo.
Si hasta entonces habían despreciado ciertas costumbres los campesinos por considerarlas supersticiosas, ahora las convertían en hermosas leyendas. Los bosques y caminos se llenaron de ridículos caminantes en busca de costumbres ancestrales para aprender a ser más alemanes, más franceses, más españoles o más catalanes que el resto de sus conciudadanos.
En lugar de preocuparse por las desigualdades y la injusticia rampante, los nacionalistas proponían la comunión espiritual de todos los habitantes del país. Así la nación, unida por fin, podría alcanzar la gloria eterna.
Como de la gloria ni se come ni se vive, los obreros y las clases medias sólo obtuvieron sufrimientos y penurias. Los poderosos, por su parte, vieron con muy buenos ojos esos movimientos de exaltación patriótica porque no ponían en duda su capacidad de liderazgo. Muy al contrario varios reyes y emperadores de mente estrecha e inteligencia escasa se vieron favorecidos al convertirse en símbolos andantes de esta nueva forma de nación.
Todos los países tienen monumentos a la irracionalidad y a la irrazonabilidad en forma de estatuas, cuadros, poemas y escritos patrióticos. Basta con ver un partido de futbol entre selecciones o entre clubs emblemáticos para darse cuenta de cuan infectado está el cerebro de algunas personas.
Inventar el espíritu de pueblo o de nación es una de las estupideces más graves que ha podido cometer el ser humano. Esta idea ha llevado a millones de personas a la tumba. No en vano el virus romántico es necrófilo.
No se si podremos librarnos alguna vez de esta pandemia, pero valdría la pena el esfuerzo, seguro que ha matado más gente que la que pueda matar el nuevo virus de la gripe A.
lunes, 16 de febrero de 2009
El principio de Eva
Confieso que hasta hace unos días yo vivía sumido en el más absoluto de los engaños. Creía sinceramente estar ayudando a la población femenina es su lucha por mejorar las condiciones de vida, a superar miles de años de explotación y a liberarse de las cadenas del Patriarcado. Pensaba que estaba luchando por propiciar unas mejores relaciones entre los seres humanos basadas en el respeto, la igualdad y el cariño.
Así pensaba yo hasta que vi la luz. Eva Herman y su libro “El principio de Eva” me abrieron los ojos. Fue con su lectura como me di cuenta que había sido seducido por el canto de sirena de cuatro feministas criptolésbicas. Había caído en el pozo de la desmasculinización y perdido mis referentes de hombre. Mi virilidad estaba hecha pedazos. En poco tiempo me vería meando sentado bajo el yugo de furibundas marimachos.
Y todo ese sacrificio para nada. Porque según la escritora el Movimiento Feminista no había traído más que desgracias a las mujeres. Antes – y no lo sabía, lo juro – vivían en el paraíso doméstico, aisladas de la crueldad competitiva del mundo laboral. Eran tratadas como reinas y podían desarrollar su instinto maternal, educar, criar a sus hijos, charlar con las vecinas, ir a la peluquería o comprar las provisiones en el supermercado eran algunos de los placeres de los que ya no gozan las mujeres en la actualidad.
El resultado de toda esa revolución sexual han sido familias desestructuradas, mujeres estresadas, niños con Síndrome de Alienación parental y miles, millones de hombres desorientados. Hombres castrados.
Bueno, supongo que quien me conozca habrá captado la ironía de las palabras expuestas hasta ahora. Ni el libro me gustó, ni me gusta la ideología de la autora y mucho menos sus soluciones.
Si hablo de él es para mostrar cómo el virus romántico actúa sobre las personas cuando carecen de defensas ideológicas suficientemente fuertes. Dificultades o retrocesos en el avance social pueden hacernos pensar en que el esfuerzo de generaciones anteriores por cambiar las cosas ha sido en vano. Es entonces cuando actúa el virus romántico. Idealizando esos tiempos pasados nos hace pensar en la necesidad de volver a prácticas y usos ya superados.
Ocurrió después de la Revolución Francesa, precisamente en el llamado periodo Romántico. Fue entonces cuando se creó esa concepción de la Edad Media llena de nobles caballeros dispuestos a batirse por honor y damas desvalidas ansiosas por caer en sus brazos. La Nobleza, desbancada del poder por la burguesía, intentaba convencer a los perdedores de la Revolución Industrial de la necesidad de volver al Absolutismo. El virus romántico contribuía a promover la involución infectando las mentes de las personas.
El Movimiento socialista, por su parte, intentaba crear una alternativa más justa sin volver a las instituciones medievales. En su himno más emblemático: La Internacional, puede leerse un canto al progreso frente a los involucionistas.
Una de sus estrofas dice así:
El pasado hay que hacer añicos.
Legión esclava en pie a vencer.
El mundo va a cambiar de base,
los nada de hoy todo ha de ser.
En estos tiempos posmodernos abundan los nostálgicos del patriarcado. Aprovechando el justo malestar de muchas mujeres, cuyas expectativas no se han visto cumplidas, intentan seducirlas para que abracen las viejas ideas, vuelvan a sus roles clásicos y renuncien a los logros conseguidos durante los últimos años del siglo XX.
Es natural que mucha gente se sienta defraudada, pero ese desanimo no es consecuencia de lo ya conseguido. Es fruto de un proceso detenido y algunos aspectos cambiado de dirección. La solución no está en que las mujeres vuelvan a ser como nuestras abuelas, está en conseguir la igualdad real entre los sexos. Es necesario hacer oídos sordos a los cantos de sirena de la caverna, vacunarse contra el romanticismo y avanzar hacia mayores cuotas de progreso social.
Así pensaba yo hasta que vi la luz. Eva Herman y su libro “El principio de Eva” me abrieron los ojos. Fue con su lectura como me di cuenta que había sido seducido por el canto de sirena de cuatro feministas criptolésbicas. Había caído en el pozo de la desmasculinización y perdido mis referentes de hombre. Mi virilidad estaba hecha pedazos. En poco tiempo me vería meando sentado bajo el yugo de furibundas marimachos.
Y todo ese sacrificio para nada. Porque según la escritora el Movimiento Feminista no había traído más que desgracias a las mujeres. Antes – y no lo sabía, lo juro – vivían en el paraíso doméstico, aisladas de la crueldad competitiva del mundo laboral. Eran tratadas como reinas y podían desarrollar su instinto maternal, educar, criar a sus hijos, charlar con las vecinas, ir a la peluquería o comprar las provisiones en el supermercado eran algunos de los placeres de los que ya no gozan las mujeres en la actualidad.
El resultado de toda esa revolución sexual han sido familias desestructuradas, mujeres estresadas, niños con Síndrome de Alienación parental y miles, millones de hombres desorientados. Hombres castrados.
Bueno, supongo que quien me conozca habrá captado la ironía de las palabras expuestas hasta ahora. Ni el libro me gustó, ni me gusta la ideología de la autora y mucho menos sus soluciones.
Si hablo de él es para mostrar cómo el virus romántico actúa sobre las personas cuando carecen de defensas ideológicas suficientemente fuertes. Dificultades o retrocesos en el avance social pueden hacernos pensar en que el esfuerzo de generaciones anteriores por cambiar las cosas ha sido en vano. Es entonces cuando actúa el virus romántico. Idealizando esos tiempos pasados nos hace pensar en la necesidad de volver a prácticas y usos ya superados.
Ocurrió después de la Revolución Francesa, precisamente en el llamado periodo Romántico. Fue entonces cuando se creó esa concepción de la Edad Media llena de nobles caballeros dispuestos a batirse por honor y damas desvalidas ansiosas por caer en sus brazos. La Nobleza, desbancada del poder por la burguesía, intentaba convencer a los perdedores de la Revolución Industrial de la necesidad de volver al Absolutismo. El virus romántico contribuía a promover la involución infectando las mentes de las personas.
El Movimiento socialista, por su parte, intentaba crear una alternativa más justa sin volver a las instituciones medievales. En su himno más emblemático: La Internacional, puede leerse un canto al progreso frente a los involucionistas.
Una de sus estrofas dice así:
El pasado hay que hacer añicos.
Legión esclava en pie a vencer.
El mundo va a cambiar de base,
los nada de hoy todo ha de ser.
En estos tiempos posmodernos abundan los nostálgicos del patriarcado. Aprovechando el justo malestar de muchas mujeres, cuyas expectativas no se han visto cumplidas, intentan seducirlas para que abracen las viejas ideas, vuelvan a sus roles clásicos y renuncien a los logros conseguidos durante los últimos años del siglo XX.
Es natural que mucha gente se sienta defraudada, pero ese desanimo no es consecuencia de lo ya conseguido. Es fruto de un proceso detenido y algunos aspectos cambiado de dirección. La solución no está en que las mujeres vuelvan a ser como nuestras abuelas, está en conseguir la igualdad real entre los sexos. Es necesario hacer oídos sordos a los cantos de sirena de la caverna, vacunarse contra el romanticismo y avanzar hacia mayores cuotas de progreso social.
viernes, 1 de agosto de 2008
Sexo en Nueva York. La película
Es realmente lamentable asistir a las últimas horas de un paciente infectado por un virus. La infección se descontrola, se generan millones de partículas en el interior de sus células provocando su estallido. Tejidos y órganos sufren una alteración importante llegando en ocasiones a licuarse.
Así ocurre con el virus de la gripe (sus cepas más virulentas) o el Ébola. El SIDA no llega a esta fase, son las enfermedades oportunistas las que terminan con el huésped.
Lo ocurrido con el original, fresco y divertido argumento de Sexo en Nueva York es una mezcla de ambos procesos. Por un lado ha perdido todas las defensas. La ironía y la crítica mordaz fueron eliminadas poco a poco de la serie y en la película son inexistentes. Como consecuencia, patógenos oportunistas como la cursilería, la banalidad, el sexismo y sobre todo el romanticismo se han apoderado absolutamente de su cuerpo.
El resultado es una película insulsa, políticamente correcta, dedicada a la publicidad de la moda y los coches de lujo. Un canto a la familia nuclear con algunas capas mal aplicadas de pseudoprogresismo puramente formal.
De las cuatro amigas, la única con una vida estable y equilibrada es Charlotte. Es la única de las cuatro amigas cuya vida va viento en popa, adopta una niña, se queda embarazada y además tiene la vida sexual más activa de las cuatro, literalmente flota de felicidad. Miranda es ya una bruja con todas las letras, sus expresiones harían palidecer de envidia a la madrastra de Blancanieves. Samanta es una salida cuyo “problema” le impide continuar con su pareja. Charlotte. Y la protagonista pasa por un calvario sentimental tras intentar casarse con el “amor de su vida”, un calvario en parte producto de su histerismo y de la neurosis de su amiga Miranda.
El mensaje es alto y claro: Dejaos de chorradas liberacionistas, si queréis tener una vida normal casaos o arrejuntaos para toda la vida. Porque otros estilos de vida solamente os llevarán al sufrimiento y la desesperación. La libertad es cosa de hombres.
La infección empieza a ser crítica desde el principio del film, uno va viendo como los tejidos se hinchan, hay hemorragias por todas partes. El paciente es casi un cadáver a los pocos minutos de empezar. Por todas partes de ven pústulas de moralina puritana y el cuerpo tiene el olor dulzón del romanticismo empalagoso.
Los episodios críticos se van sucediendo. El paciente sufre ataques y estos se manifiestan en situaciones como la suspensión de la boda, que ocurre porque ella no es capaz de comprender las dudas de su novio – dudas inducidas por la “bruja” de su amiga - y en un ataque de histeria le rompe el ramo de flores en la cabeza. Se dan episodios agudos de todo tipo. Algunos son romanticones, otros sexistas, hay de todo. Como en un paciente inmunodeprimido que se consume por acción de las enfermedades oportunistas. He aquí algunos ejemplos:
1. Tras el fiasco de la boda las cuatro amigas van a México para animarse.
Es entonces cuando ocurre esta escena:
Voz de la narradora: Después del ejercicio, Charlotte no pudo dudar pensar en lo muy afortunada que era. Esa semana le estaba más agradecida que nunca a Dios por concederle un matrimonio feliz. Y por un segundo, mientras pensaba en la familia que había dejado en Nueva York, olvidó donde estaba y abrió la boca.
Al ducharse traga algo de agua y pilla una gastroenteritis.
Nota: Esto es lo único negativo que le pasa a este personaje que derrocha felicidad por todos los poros de su piel.
2. En un momento de la película la protagonista decide contratar a un ayudante. Tras descartar a varios candidatos elige a una chica tras este diálogo:
- ¿Y Alguna vez has sido la asistente de alguien?
- No, pero soy la mayor de seis hermanos, así que creo que podré hacer cualquier cosa.
- Vaya, seis críos ¿Cómo es eso?
- Agotador. Me vine a Nueva York para tener un poco de espacio ¿y donde he acabado? En un apartamento de un dormitorio con tres compañeras.
- Y a parte de lo del espacio ¿A qué viniste a Nueva York?
- A enamorarme…. ¿Qué? Suena cursi ¿no?
- No, no, no Louis, suena muy sincero. Me parece que no he oído decir eso a nadie desde hace mucho tiempo.
NOTA: No me extraña
Y la contrata. Sin comentarios.
3. La protagonista está leyendo el cuento de la Cenicienta a la niña adoptada de Charlotte. Cuando termina le dice: “Oye, tú sabrás que esto es sólo un cuento de hadas. Las cosas no suelen pasar así en la vida real. Creo que deberías saberlo desde ya” a lo que la niña contesta “Otra vez” y ella replica “Otra que morderá el polvo”.
Las interrumpe Charlotte que proclama exultante de felicidad “Estoy embarazada…. ¿Sabes? Siempre había oído decir que cuando dejas de intentarlo ocurre. Y mi doctora dice que conoce a otras parejas que adoptaron y luego les pasó”
La escena termina con el comentario en of de Carrie: “Supongo que en algunos hogares los cuentos se hacen realidad”.
NOTA: Sólo falta un cartelito con un texto parecido a este: “Escena patrocinada por el Partido Republicano”.
4. Carrie está de mudanza con su ayudante y al manipular una caja, esta se abre y aparece el vestido de novia.
- ¿Quieres que me deshaga del él? Dice la secretaria.
- No, no, es tan bonito. Simplemente, lo enterraré, igual que he hecho con mis sentimientos.
- ¿Lo echas de menos?
- A diario. Veras es raro…. No he llorado mucho por esto. No se, puede, puede que tengamos asignado cierto número de lágrimas por hombre. Y yo haya usado ya todas las suyas.
Si, se como te sientes. Porque mi novio de San Luis me dejó el año pasado. Todavía lo echo de menos.
Voz de la narradora: De repente me di cuenta. En mi armario había dos corazones rotos.
Y se van al bar a ahogar las penas.
- Me dolió un montón – dice la asistente- Porqué yo creí que Will, se llama así, era el amor de mi vida.
- Y que pasó. Interrumpe Carrie.
- Dijo que me quería mucho pero que yo no era su media naranja. Me hizo mucho daño. Pero ¿Sabes? Me da igual. No pienso renunciar al amor.
- Bien. Vuelve a interrumpir la escritora.
- ¿Ves esto? – y le enseña un llavero donde está escrita la palabra “Love” – Esto es amor y lo intento atraer todo el tiempo.
Nota: No me lo he inventado. Os lo juro.
Escenas de este tipo se van sucediendo una tras otra. Ahora los síntomas son evidentes y el espectáculo empieza a ser dantesco. Uno no puede evitar sentir arcadas y abandonar temporalmente el lecho mortuorio. El virus romántico está terminando con el paciente y el final es especialmente duro.
El último estertor se manifiesta cuando Carrie va al apartamento que había compartido con Big para recuperar unos zapatos, cómo no. Y al abrir la puerta del vestidor se lo encuentra el él. La voz de narradora que ha acompañado toda la película dice: “Aquello no era lógico. Era amor” y ambos protagonistas se funden en un abrazo.
Y tras una breve y casta charla vestidos pero descalzos – La protagonista es la única que no tiene orgasmos, bueno los tiene cuando ve un vestido o unos zapatos, pero no en intercambios carnales - él decide que no le propuso matrimonio de forma correcta. Y rectifica diciendo: “Amor de mi vida quieres casarte conmigo” y le coloca uno de los zapatos en el pie.
Una lástima, una verdadera lástima ver cómo un intento por reivindicar el derecho de las mujeres al placer erótico, termina, a manos del virus romántico, en una masa informe y apestosa. Y uno, movido por la compasión y sintiéndose impotente ante lo irreversible del proceso, ruega por que termine la película o sale escopeteado de la sala para no presencial el final.
Última nota: Muchas gracias Mada por tu advertencia. Pero me temo que llegó tarde, cuando la leí ya había visto la película.
Y, por supuesto me interesó mucho tu opinión.
Cualquier comentario será bien venido, aunque no sea favorable.
Así ocurre con el virus de la gripe (sus cepas más virulentas) o el Ébola. El SIDA no llega a esta fase, son las enfermedades oportunistas las que terminan con el huésped.
Lo ocurrido con el original, fresco y divertido argumento de Sexo en Nueva York es una mezcla de ambos procesos. Por un lado ha perdido todas las defensas. La ironía y la crítica mordaz fueron eliminadas poco a poco de la serie y en la película son inexistentes. Como consecuencia, patógenos oportunistas como la cursilería, la banalidad, el sexismo y sobre todo el romanticismo se han apoderado absolutamente de su cuerpo.
El resultado es una película insulsa, políticamente correcta, dedicada a la publicidad de la moda y los coches de lujo. Un canto a la familia nuclear con algunas capas mal aplicadas de pseudoprogresismo puramente formal.
De las cuatro amigas, la única con una vida estable y equilibrada es Charlotte. Es la única de las cuatro amigas cuya vida va viento en popa, adopta una niña, se queda embarazada y además tiene la vida sexual más activa de las cuatro, literalmente flota de felicidad. Miranda es ya una bruja con todas las letras, sus expresiones harían palidecer de envidia a la madrastra de Blancanieves. Samanta es una salida cuyo “problema” le impide continuar con su pareja. Charlotte. Y la protagonista pasa por un calvario sentimental tras intentar casarse con el “amor de su vida”, un calvario en parte producto de su histerismo y de la neurosis de su amiga Miranda.
El mensaje es alto y claro: Dejaos de chorradas liberacionistas, si queréis tener una vida normal casaos o arrejuntaos para toda la vida. Porque otros estilos de vida solamente os llevarán al sufrimiento y la desesperación. La libertad es cosa de hombres.
La infección empieza a ser crítica desde el principio del film, uno va viendo como los tejidos se hinchan, hay hemorragias por todas partes. El paciente es casi un cadáver a los pocos minutos de empezar. Por todas partes de ven pústulas de moralina puritana y el cuerpo tiene el olor dulzón del romanticismo empalagoso.
Los episodios críticos se van sucediendo. El paciente sufre ataques y estos se manifiestan en situaciones como la suspensión de la boda, que ocurre porque ella no es capaz de comprender las dudas de su novio – dudas inducidas por la “bruja” de su amiga - y en un ataque de histeria le rompe el ramo de flores en la cabeza. Se dan episodios agudos de todo tipo. Algunos son romanticones, otros sexistas, hay de todo. Como en un paciente inmunodeprimido que se consume por acción de las enfermedades oportunistas. He aquí algunos ejemplos:
1. Tras el fiasco de la boda las cuatro amigas van a México para animarse.
Es entonces cuando ocurre esta escena:
Voz de la narradora: Después del ejercicio, Charlotte no pudo dudar pensar en lo muy afortunada que era. Esa semana le estaba más agradecida que nunca a Dios por concederle un matrimonio feliz. Y por un segundo, mientras pensaba en la familia que había dejado en Nueva York, olvidó donde estaba y abrió la boca.
Al ducharse traga algo de agua y pilla una gastroenteritis.
Nota: Esto es lo único negativo que le pasa a este personaje que derrocha felicidad por todos los poros de su piel.
2. En un momento de la película la protagonista decide contratar a un ayudante. Tras descartar a varios candidatos elige a una chica tras este diálogo:
- ¿Y Alguna vez has sido la asistente de alguien?
- No, pero soy la mayor de seis hermanos, así que creo que podré hacer cualquier cosa.
- Vaya, seis críos ¿Cómo es eso?
- Agotador. Me vine a Nueva York para tener un poco de espacio ¿y donde he acabado? En un apartamento de un dormitorio con tres compañeras.
- Y a parte de lo del espacio ¿A qué viniste a Nueva York?
- A enamorarme…. ¿Qué? Suena cursi ¿no?
- No, no, no Louis, suena muy sincero. Me parece que no he oído decir eso a nadie desde hace mucho tiempo.
NOTA: No me extraña
Y la contrata. Sin comentarios.
3. La protagonista está leyendo el cuento de la Cenicienta a la niña adoptada de Charlotte. Cuando termina le dice: “Oye, tú sabrás que esto es sólo un cuento de hadas. Las cosas no suelen pasar así en la vida real. Creo que deberías saberlo desde ya” a lo que la niña contesta “Otra vez” y ella replica “Otra que morderá el polvo”.
Las interrumpe Charlotte que proclama exultante de felicidad “Estoy embarazada…. ¿Sabes? Siempre había oído decir que cuando dejas de intentarlo ocurre. Y mi doctora dice que conoce a otras parejas que adoptaron y luego les pasó”
La escena termina con el comentario en of de Carrie: “Supongo que en algunos hogares los cuentos se hacen realidad”.
NOTA: Sólo falta un cartelito con un texto parecido a este: “Escena patrocinada por el Partido Republicano”.
4. Carrie está de mudanza con su ayudante y al manipular una caja, esta se abre y aparece el vestido de novia.
- ¿Quieres que me deshaga del él? Dice la secretaria.
- No, no, es tan bonito. Simplemente, lo enterraré, igual que he hecho con mis sentimientos.
- ¿Lo echas de menos?
- A diario. Veras es raro…. No he llorado mucho por esto. No se, puede, puede que tengamos asignado cierto número de lágrimas por hombre. Y yo haya usado ya todas las suyas.
Si, se como te sientes. Porque mi novio de San Luis me dejó el año pasado. Todavía lo echo de menos.
Voz de la narradora: De repente me di cuenta. En mi armario había dos corazones rotos.
Y se van al bar a ahogar las penas.
- Me dolió un montón – dice la asistente- Porqué yo creí que Will, se llama así, era el amor de mi vida.
- Y que pasó. Interrumpe Carrie.
- Dijo que me quería mucho pero que yo no era su media naranja. Me hizo mucho daño. Pero ¿Sabes? Me da igual. No pienso renunciar al amor.
- Bien. Vuelve a interrumpir la escritora.
- ¿Ves esto? – y le enseña un llavero donde está escrita la palabra “Love” – Esto es amor y lo intento atraer todo el tiempo.
Nota: No me lo he inventado. Os lo juro.
Escenas de este tipo se van sucediendo una tras otra. Ahora los síntomas son evidentes y el espectáculo empieza a ser dantesco. Uno no puede evitar sentir arcadas y abandonar temporalmente el lecho mortuorio. El virus romántico está terminando con el paciente y el final es especialmente duro.
El último estertor se manifiesta cuando Carrie va al apartamento que había compartido con Big para recuperar unos zapatos, cómo no. Y al abrir la puerta del vestidor se lo encuentra el él. La voz de narradora que ha acompañado toda la película dice: “Aquello no era lógico. Era amor” y ambos protagonistas se funden en un abrazo.
Y tras una breve y casta charla vestidos pero descalzos – La protagonista es la única que no tiene orgasmos, bueno los tiene cuando ve un vestido o unos zapatos, pero no en intercambios carnales - él decide que no le propuso matrimonio de forma correcta. Y rectifica diciendo: “Amor de mi vida quieres casarte conmigo” y le coloca uno de los zapatos en el pie.
Una lástima, una verdadera lástima ver cómo un intento por reivindicar el derecho de las mujeres al placer erótico, termina, a manos del virus romántico, en una masa informe y apestosa. Y uno, movido por la compasión y sintiéndose impotente ante lo irreversible del proceso, ruega por que termine la película o sale escopeteado de la sala para no presencial el final.
Última nota: Muchas gracias Mada por tu advertencia. Pero me temo que llegó tarde, cuando la leí ya había visto la película.
Y, por supuesto me interesó mucho tu opinión.
Cualquier comentario será bien venido, aunque no sea favorable.
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