martes, 5 de octubre de 2010

Pildora antiromántica: "Sobre los bistecs reivindicativos"

Impresionante Bruce Willis parodiando la tontería bovina de Lady Gaga:






Nada como el sarcasmo y el humor contra el virus romántico.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Ponerse un bistec en la cabeza no es hacer la Revolución

Una de los grandes timos intelectuales de finales del siglo XX ha consistido en hacer pasar por actos reivindicativos algunos montajes comerciales. Guiados por el narcisismo más descarado cuando no por un espíritu comercial descarado, muchos artistas se han apropiado de causas más o menos justas pera después deshacerse de ellas como si de unos gayumbos gastados se tratara. ¿Dónde está Sting y sus indios del Amazonas?


Montar sólo un numerito más o menos perturbador no es en absoluto cambiar el mundo. Es llamar la atención y punto. Uno es muy libre de intentar llamar la atención cuanto guste y también de recibir el aprecio o el desprecio del personal, pero no es de recibo creerse el Lenin de la revolución amazónica o el Robespierre de la Era de Acuario.

El último espectáculo pseudoreivindicativo lo ha protagonizado la cantante pop Lady Gaga. En la entrega de premios de la MTV del 13 de Septiembre la señora se presentó con un traje de carne.

Por lo que mí respecta como si va en el traje de carne con el que vino al mundo. No tengo ningún tipo de prejuicio sobre cómo deben vestir las personas. Pero por lo de ligar esta pallasada con un acto político, por ahí no paso.

Por que lo realmente escandaloso son las palabras de la estrella en el programa de televisión de Ellen DeGeneres. Ni corta ni perezosa afirmó: “Si no luchamos por lo que creemos y si no luchamos por nuestros derechos, muy pronto vamos a tener tantos derechos como la carne de nuestros huesos”.

Pero ¿Qué nos ha tomado por idiotas? Me pregunto. Seguramente sí, debe pensar que su audiencia está integrada únicamente por los descendientes discapacitados de Homer Simpson. No puedo deducir otra cosa. Por que la alternativa es peor. Si realmente se cree estar haciendo algo por cambiar las cosas, entonces la que desciende directamente de Homer Simpson es ella.

Las personas infectadas por el virus romántico caen a menudo bajo el influjo de espectáculos de índole similar. Su mente, perturbada por la suspensión del razocinio, puede llera a ver a esta tunante como una heroína de los derechos civiles. La nueva Martina Luther Queen blanca dispuesta a dejar la vida por solucionar las injusticias que flagelan el mundo.

Mucha gente puede pasar toda una vida siguiendo a uno de estos iconos mediáticos, malgastando su energía intentando imitar sus actos y pensando que colabora en algún tipo de movimiento social. Justo lo que quiere el virus romántico.

El problema radica en el cambio de la jerarquía. En los años treinta y cuarenta eran los partidos de clase los que lideraban el cambio. Artistas e intelectuales se ponían a su servicio o al menos se coordinaban. Por que eran conscientes que su miópico punto de vista no les permitía apreciar todo el proceso.

A partir de los años setenta y sobre todo los noventa los artistas e intelectuales van por su cuenta. Se llegan a creer la vanguardia del proletariado y montan sus saraos sin pedir consejo a nadie. En su ignorancia muchos confunden la forma con el fondo volviéndose totalmente inofensivos al poder.

Los poderosos, los de verdad se ríen e incluso encuentran graciosos estos espectáculos. Algunos incluso colaboran para darse un “baño de progresismo”, pero en ningún momento consideran una amenaza los jolgorios que últimamente se organizan.

El cambio social se consigue trabajando, muchas veces de forma anónima. Montar una fiesta es sólo montar una fiesta. Y nada más. Es bueno disfrutar del espectáculo estético pero dejar las cosas serias para otro momento.

Píldora antiromántica: "Dejas de amar a una persona cuando dejas de sentir mariposas en la barriga"

Es esta una memez bastante extendida. Las famosas "mariposas en la barriga" no son más que la sensación de ansiedad, uno de cuyos síntomas es excitación de los nervios del plexo solar. Se siente ansiedad por las dudas, por la incertidumbre y la inseguridad respecto a los sentimientos de la otra persona. También se sienten mariposas en el estómago cuando te apuntan la cabeza con una pistola y no por eso decimos que la relación entre atracador y atracado es amorosa.
El amor es algo bastante más sólido y no depende de una sensación de angustia. Pero el virus romántico trastoca nuestras ideas y aprovecha conceptos erróneos como estos para guiarnos hacia una búsqueda infructuosa e infeliz.
Las mariposas en el campo, revoloteando entre las flores. Que no es una imagen romántica, es simplemente una observación naturalista.

martes, 21 de septiembre de 2010

Píldora antiromántica: "El amor es la fusión de las almas"

Los humanos no podemos fusionar las almas porque no podemos fusionar cerebros. Y aunque pudiéramos ¿Qué sentido tendría? Uno quiere a una persona por lo que es. El resultado de fusionarse con ella sería un persona distinta. Un compendio de sus cualidades y nuestras cualidades pero también de sus defectos y los de uno.
Y si hay algo que uno llega a odiar de verdad son sus propios defectos. Muchas parejas intentan la fusión y al final sólo obtienen fisión (la destrucción de la pareja y, de paso, parte de ellos mismos).

sábado, 4 de septiembre de 2010

Píldora antiromantica: El amor romántico es sexista

Recomiendo leer esta entrada y prometo deciros algo después de leer el libro:


Por cierto: Aquellos que penséis que vuestros sentimientos son naturales y, por lo tanto, exentos de cualquier influencia social estáis siendo ingenuos. Una ingenuidad que el virus romántico aprovecha para entrar a colonizar vuestra mente.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Pildora antiromántica: "Ve donde el corazón te lleve"

La frase "Ve donde el corazón te lleve" tiene mucho predicamento. Envuelta en el celofán del romanticismo y con el lacito de las verdades profundas y duraderas, es un regalo habitual para adolescentes, sobre todo mujeres adolescentes.
Pero: ¿Y si el corazón te lleva a la tumba? Millones de mujeres muertas a manos de sus maltratadores podrían decirte hasta donde les llevó el hacer caso sólo al corazón. Pero ya no pueden hablar.

jueves, 5 de agosto de 2010

Las identidades estúpidas y el cambio social

Vaya por delante mi más absoluto respeto por las personas que deciden vestir con pantalones tejanos llenos de agujeros, camisetas ajustadas o cazadoras con tachuelas. Tampoco tengo nada contra los tatuados, los escarificados o los teñidos. A mí, personalmente, tanto me da si un tipo decide ponerse un pircing en la oreja, en los pezones o en la punta de su lápiz. Pero de ahí a aceptar que con su actitud están contribuyendo al progreso social va un abismo.

Han pasado ya cuarenta años desde los primeros movimientos contraculturales de amplia aceptación. Digo de amplia aceptación por que, hasta los años sesenta, los “alternativos” eran simplemente ignorados, cuando no marginados. Fue durante esta época cuando se empezó a forjar una idea altamente destructiva para cualquier movimiento de reforma o revolución social: La contracultura como transformación de la sociedad.

A grandes rasgos esta idea viene a decir: Si te vistes y te comportas de forma contraria a las costumbres de tus conciudadanos, conseguirás unir a tu causa a todos los descontentos, creándose así un movimiento social triunfante que desembocará en un cambio radical de la sociedad. Cultiva una identidad transgresora y contribuirás a mejorar la vida de la gente.

Pero el destino de los contraculturales, los que de verdad se lo creen, es siempre el mismo. O bien sucumben resignadamente al proceso domesticador y se convierten en ciudadanos ejemplares (o mucho más que ejemplares, como buenos conversos) o caen en la marginación más absoluta malmuriendo al cabo de los años.

Por que es muy difícil que el cambio social ansiado se de y se de siguiendo la propuesta de los “alternativos”. Como decía Marvin Harris hacia 1975 en su excelente libro divulgativo “vacas cerdos guerras y brujas”: “La Revolución no se consigue haciendo cada uno lo que le de la gana, sino haciendo precisamente lo que se debe hacer”. Esto, los contraculturales, no lo entendieron entonces ni lo entienden ahora.

Hippies, punkis, moods, new romantics, siniestros, heavys, teconopops y un largo etcétera lo han intentado y han fracasado rotundamente. Las mejoras sociales, ahora en cierto peligro precisamente por al idiotez en parte extendida por estas identidades, fueron el fruto de una lucha organizada cuyo objetivo eran las estructuras de producción y reproducción. Las movilizaciones amplias a favor de derechos como la sanidad o la educación si reportaron mejoras en la forma de vida de las personas. Ninguna contracultura consiguió nunca nada sólidos. Como máximo acompañó, puso color y banda sonora al movimiento reivindicativo, pero no lo lideró. Y cuando intentó hacerlo lo destruyó. Al ahuyentar a las personas normales, perdió apoyos y fuerzas, quedando reducido a un grupo de marginados.

Pero ¿Qué impulsa a una persona despierta y disconforme, preocupada por el progreso a asumir alguna de esas identidades? Creo que algo tiene que ver en esto el virus romántico.

Todos tenemos crisis existenciales, momentos de duda sobre lo que somos y lo que debemos hacer. A veces, durante estos trances, uno aborrece de la sociedad tal como está y aspira a cambiarla. Si la mente está sana lo normal es ofrecerse para contribuir a algún proyecto transformador serio o crear uno propio. Pero si su cerebro ha sufrido la infección romántica tiene muchas posibilidades de sucumbir al embrujo de una identidad estúpida. A nuestro amigo el virus romántico le encanta encauzar la energía de las personas hacia proyectos inútiles y, por suerte o por desgracia, hay muchos ejemplos a seguir. Cada vez más, diría yo. Al virus le importa un comino la identidad elegida, mientras sea del todo inocua e improductiva.

Así un individuo que en otras circunstancias contribuiría a la reforma o a la disolución de instituciones sociales injustas, se puede pasar cinco, diez o quince años perdiendo el tiempo de concierto en concierto, de comuna en comuna o de cibertechnoguerrilla en cibertechnogerrilla, para terminar muerto por sobredosis o convertido en un entusiasta seguidor de lo que antes aborrecía.

El virus romántico está detrás de estos fracasos existenciales, pero es la falta de alternativas reales lo que realmente contribuye a su expansión. Debemos crear movimientos de transformación capaces de animar a las personas disconformes y reconducir sus energías hacia objetivos sino racionales, al menos razonables. Política al fin y al cabo. Pero política de altos vuelos no este espectáculo gallináceo que cada dos por tres vemos en la tele.

La infección romántica es difícil de combatir. Es como la gripe, uno debe pasar el proceso. Se pueden, sin embargo reforzar las defensas del individuo si desde pequeño se le educa en la crítica y el sentido del humor. Dos armas cada vez más útiles frente a este tremendo virus.

domingo, 13 de junio de 2010

Las piernas de Lady Gaga


El virus romántico tiene una notable predicción por generar pensamientos necrofílicos en los individuos infectados. Basta con dar un vistazo a los cuadros, poemas y relatos del periodo artístico llamado Romanticismo para darse cuenta de este particular. Tumbas, vampiros, fantasmas, gente enamorada de personas muertas, etc. Son temas recurrentes, obsesivos, diría yo.
En la actualidad llamamos a nuestro periodo “Posmodernidad”, pero la influencia del virus es visible en muchos elementos culturales. La música es una de sus víctimas predilectas y la música pop no es una excepción.
Un caso destacado es sin duda la transformación de Lady Gaga. De un aspecto saludable y casi voluptuoso ha pasado a ser una especie de imagen espectral. Bastante aficionada al escándalo y la transgresión, pero de una delgadez preocupante.

Este vídeo es de 2008 y sirvió para promocionar la canción “Poker face”:  



La señora presenta un aspecto sano. Tanto su cara como su cuerpo muestran salud, es evidente que está en forma. El maquillaje, además, realza esos rasgos. Pero fijaos en las piernas, no son precisamente las de un ser frágil y desvalido. Además, por si fuera poco, tiene caderas.

Ahora mirad este video. Es el de la canción “Bad romance” y ha sido editado este año:


En este vemos a una chica mucho más delgada, con aspecto delicado y quebradizo. En los primeros planos se muestra una cara mucho más delgada, con un maquillaje que le da un aspecto de enferma. En algunos parece estar saliendo de una gripe o estar pasando una resaca del quince. Tiene, como mínimo, diez quilos menos. Las piernas y las caderas han adelgazado de forma sorprendente. Se parece más a una yonqui que a una animadora de futbol americano.
Al virus romántico le molesta la voluptuosidad. No le gustan las personas opulentas, carnales y libidinosas. Prefiere los seres etéreos, estilizados y pálidos. La voluptuosidad incita a vivir, a disfrutar y a nuestro virus le interesa generar melancolía y desesperación.
No sé si el vídeo es producto de una infección sufrida por el director o la propia cantante. O, por el contrario, ha sido fruto de una campaña de marketing. En este caso el problema es mayor, indica que los gustos de la gente van por aquí. Algo alarmante, podríamos estar delante de una pandemia. Espero que no sea así.











miércoles, 17 de marzo de 2010

Toda una vida: La canción del "masoca"

Uno de los efectos de la infección por virus romántico es  una distorsión de la realidad que nos hace percibir como deseable el sufrimiento y la sumisión.  La literatura romántica está llena de ejemplos de héroes y heroínas (aunque abundan más estas últimas) consumidos en una búsqueda de la agonía con tal de mantener en pie sus quimeras.
Es un estado de retroalimentación negativa:  Sufro porque persigo un objetivo imposible y  el sufrimiento me lo hace perseguir con más ahínco. Sólo la presencia de una patología puede mantenerlo en funcionamiento. De otra forma, el individuo, cejaría en su empeño, aunque sólo fuera por su propia seguridad.
En algunos individuos esta patología es  profunda, fruto de su educación o su genética. En otros, los contagiados por el virus romántico, es más superficial. En estos puede está indicado un tratamiento a base de ironía y humor, que tan buenos resultados parece dar.

Tomemos como ejemplo la canción "Toda una vida" de Antonio Machín. En apariencia se trata de un bonito bolero. Una canción tierna, amorosa, con una melodía que incita al baile agarrado. Nada peligrosa a primera vista.
Pero si la analizamos con más detenimiento podemos observar un mensaje de carácter masoquista nada inocente. Veamos:

Toda una vida. Me estaría contigo
No me importa en que forma.
Ni como ni cuando, pero junto a ti.

Esta primera estrofa nos indica el carácter masoquista del autor. Sólo un esclavo dispuesto a complacer a su ama (o amo, no sabemos su orientación) puede pensar algo así. Uno se lo imagina a cuatro patas, lamiendo las botas de su domina y durmiendo a los pies de su cama, listo para complacerla en cualquiera de sus deseos.

Toda una vida. Te estaría mimando.
Te estaría cuidando, como cuido mi vida
Que la vivo por ti.

A la aceptación de una vida condicionada por la voluntad de su am@, une el autor un servilismo extremo. Las personas que se quieren se cuidan, pero mutuamente. No están al servicio exclusivo y, nuca viven su vida sólo para servir a su pareja. Está claro, el esclavo es servicial, su am@ puede estar orgullosa. 

No me cansaría de decirte siempre,
Pero siempre, siempre,
Que eres en mi vida
Ansiedad, angustia y desesperación.

Esta tercera y última estrofa - En el resto de la canción se repiten las tres estrofas - es ya la confirmación de que nos encontramos ante un masoquista como la copa de un pino ¿Quién sino vería como mérito hacia su amad@ ofrecer ansiedad, angustia y desesperación? Vamos, a mí me viene una persona diciendo estas cosa y el que se angustia soy yo. No entra en mis planes  - y espero que tampoco en los de quienes lean esto - angustiar o desesperar a una persona.

Me atrevería a asegurar que el autor de la canción era furibundamente contrario al juego sadomasoquista. Me imagino su reacción indignada ante esta idea. Me respondería iracundo su disconformidad con tales prácticas. Y  me pediría no hacer comparaciones frívolas sin sentido. Alegando, sin duda, la seriedad de su trabajo.
Y tendría razón. El sadomasoquismo, si se practica como juego erótico, no tiene trascendencia. Todos los participantes están de acuerdo, a nadie se le engaña. Sin embargo confundir a la gente asociando sumisión incondicional con  amor sí es algo muy serio, porque induce a las personas a aceptar como pruebas de afecto comportamientos propios de la esclavitud.

El tratamiento irónico de focos infecciosos como este permite, además de neutralizar los mensajes tóxicos, disfrutar de lo positivo. "Toda una vida" tiene una melodía agradable y bailarla con una persona amada no implica ningún peligro. Si ambos se la toman en broma, claro.

viernes, 8 de enero de 2010

Seguramente el amor a primera vista no existe. Relájate y disfruta de la vida

Imaginaos la siguiente conversación:




- Hola Juan.

- Antonio ¡Cuánto tiempo! ¿Cómo te va?

- Bien, muy bien. He abierto un negocio.

- ¿Ah si? Me alegro ¿Te funciona?

- Bueno, nos funciona. Porque tengo un socio.

- Si ¿Un amigo?

- Bueno, nos estamos conociendo.

- Y ¿Cómo montas un negocio con alguien al que a penas conoces?

- Mira, la vida es corta y hay que vivirla al máximo. Además, en cuanto lo vi me di cuenta que se estaba ante el “socio de mi vida”.

- Y …. ¿Cuánto has invertido?

- Todos mis ahorros. Más lo que obtuve por la venta de la casa y el coche. También me deshice de las acciones en Bolsa. A Braulio no le gusta que tenga negocios con nadie más.

- Pero… Habrás firmado un contrato.

- Si, claro. Cuando puse el negocio a su nombre.

- ¿Has puesto el negocio a su nombre?

- Si, en estas relaciones debe haber confianza, sino no funcionan. Yo ¿Qué quieres que te diga? A mí este negocio me ha vuelto a la juventud. Braulio me hace recordar mis comienzos, cuando no tenía un duro.



A estas alturas Antonio está ya pensando en si conoce a algún psiquiatra. La actitud de su amigo lo preocupa en extremo, como nos preocuparía a todos si tuviéramos una charla similar.

Entonces ¿Por qué no reaccionamos igual cuando la conversación trata sobre vínculos sentimentales? ¿Por qué sonreímos complacidos y nos alegramos por nuestro amigo cuando nos habla de las locuras que ha hecho estando enamorado? Una respuesta posible es que el amor nos vuelve a todos lelos, incluido el círculo de allegados a la persona enamorada.

No estoy de acuerdo. El Amor no atonta a las personas, el enamoramiento sí. El enamoramiento es calentura, pura y dura. Un engaño de la Naturaleza para estimular la reproducción de la especie y mantener el vínculo el tiempo necesario para la cría de la descendencia. El Amor es un conjunto de sentimientos, valores y objetivos. Es una relación y por lo tanto recíproco. Se construye, no nace espontáneamente como el enamoramiento. O sea, la calentura.

Pero nuestra cultura consideró – y en cierta forma considera – a la atracción erótica sin intención de perdurar como algo sucio, bajo y rastrero. Denigró todo sentimiento erótico-festivo y santificó el erótico-vinculativo. De esta forma las personas pasaron de encontrarse para jugar a encontrarse para establecer parejas para toda la Eternidad.

El intento de establecer una pareja para toda la vida desde el principio, nada más conocer a la persona, puede calificarse, como mínimo, de arriesgado. Invertir la energía y el capital emocional en una sola persona sin a penas conocerla es tan Ilusorio y estúpido como darle nuestro dinero al primero que pase por delante.

Sólo una cosa lo supera: Persistir aún cuando no somos correspondidos. Este si es un comportamiento estúpido. Puede incluso ser calificado de locura, locura de amor, pero locura.

Creer en la existencia del “amor a primera vista” es una forma de preparar la mente para una infección romántica de primer orden. El virus, ávido de desviar la energía hacia objetivos inútiles y perjudiciales puede prolongar el problema e impedir durante el mayor tiempo posible el encuentro de la persona con la realidad.

Considerar el enamoramiento como lo que es: Una trampa de la Naturaleza, nos puede ayudar a relativizarlo. Si se establece una relación amorosa perfecto, sino pues a otra cosa mariposa. No nos ahorrará el mal rollo pero si la persistencia en el error.

Parafraseando la polémica campaña de los ateos: Seguramente el amor a primera vista no existe. Relájate y disfruta de la vida”.

viernes, 1 de enero de 2010

Pagafantas 2




Este post es la continuación del dedicado al entrañable personaje. (Ver: pagafantas)


Definición de Pagafantas






La cobra




El abrazo del Coala





El Lemur







martes, 29 de diciembre de 2009

El síndrome de la concubina

En el anterior post, el dedicado al “pagafantas”, hablé de este personaje en masculino. Existirán ejemplos aislados en el sexo femenino, no lo dudo, pero la práctica totalidad de individuos que caen en este esteriotipo son varones.


Podemos considerar el comportamiento del “pagafantas” como un sídrome (el síndrome del pagafantas) porque es un conjunto de síntomas característicos. No llega a ser una enfermedad, pero puede llegar a provocar mucho sufrimiento en quien lo padece.

Dije también que la versión femenina del pagafantas era la concubina. Ambos síndromes tienen en común una tendencia irrefrenable a prestar servicios con la intención de conseguir un vínculo amoroso a largo plazo con una persona que, en el mejor de los casos, se muestra indiferente y el peor se aprovecha de la situación.

La concubina puede llegar a prestar los mismos servicios que el pagafantas pero añadiendo siempre los de un tipo: Los eróticos. Y los presta además con carácter exclusivo. Por su parte, el varón beneficiado por esta conducta, no se siente inclinado a respetar exclusividad alguna. Muy a menudo la concubina es el último recurso, cuando las demás fallan acude a ella. Al final la chica tiene todas las obligaciones de una esposa pero ninguno de los derechos. Y lo más penoso es que mantiene ese estado voluntariamente.

Antes de continuar me gustaría aclarar una cosa: Puede ocurrir, aunque yo lo veo muy difícil, que una persona esté contenta siendo con este tipo de relación. En ese caso no estamos delante de un síndrome, porque no le produce ningún tipo de malestar. Podemos hablar de alienación e incluso suponer que es un estado temporal, pero no lo podemos llamar síndrome.

Es un síndrome cuando la persona lo vive desde el sufrimiento y la ansiedad. La mayor, por no decir la casi totalidad, de las situaciones. No nos engañemos.

Si miramos bien a nuestro alrededor reconoceremos a más de una mujer con “síndrome de la concubina”. Viven en la esperanza de conseguir ese vínculo ofreciendo relaciones eróticas, siguiendo la creencia, ampliamente extendida en nuestra sociedad, de que el Erotismo es el pegamento mágico de la pareja. O bien esconden la cabeza debajo de la tierra para no ver, o bien se pelean con la demás “zorras” pero nunca ponen en duda el comportamiento de “su hombre”.

Como en el caso del “pagafantas” es difícil no aprovechar la situación, al menos temporalmente. Se necesita una cierta altura moral para desengañar a la concubina y no todos los varones la tienen. Pero no demos olvidar que la principal responsable de esa situación es la concubina. Al fin y al cabo ella continúa con esa relación asimétrica por propia voluntad. Dejando a parte las coacciones culturales propias de cada sociedad, claro.

Pero ¿Qué impulsa a una mujer hacia este callejón sin salida? La coacción cultural puede influir, no puede negarse. En muchos grupos humanos este comportamiento se ve como una acción positiva e incluso como una bonita prueba de amor. Sin embargo muchas mujeres sufren la misma influencia y no todas terminan así.

En mi opinión es necesaria una infección romántica de primer orden. Sólo así puede entenderse esta enuncia a la dignidad y esta exaltación del sufrimiento. Porque al virus romántico le gusta mucho el sufrimiento humano. Toda su maquinaria parásita se pone en marcha para guiar la voluntad hacia metas imposibles e inútiles. Pero además, si el camino hacia ellas está lleno de sufrimiento, mucho mejor.

Basta una ojeada a las novelas, obras de teatro, películas y canciones de temática romántica para darse cuenta de la preferencia por el sentimiento inútil de sus autores. A menudo envuelven en lirismo historias terribles y desgarradoras. No niego que esto tenga un valor artístico, pero no es una buena guía para la vida real.

Pero la infección romántica por si sola no explica este comportamiento al cien por cien. Además de esta tendencia romántica a buscar el dolor – muy similar, por cierto, a la actitud que adoptan los fieles de determinadas religiones que ven en el sufrimiento un camino de salvación – es necesaria la activación del virus patriarcal.

La actividad conjunta de ambos virus. El romántico suspendiendo el espíritu crítico y guiando a la persona hacia objetivos inútiles por un lado. Y el patriarcal fomentando pensamientos como: “Una mujer decente tiene un solo hombre”, “si haces lo que él quiere tarde o temprano terminará valorándote”, “los hombres se van con guarras pero se casan con las fieles”, “si no atrapas a este serás una fracasada”, “Ojo, que se te pasa el arroz” (Este mensaje lo genera el virus patriarcal continuamente desde los 18 años. Y si no lo hace la propia mente, el entorno se encarga de activarlo a la mínima ocasión.)

El destino de la concubina, como cualquier destino romántico, acostumbra a ser patético cuando no trágico. Sus sacrificios resultan vanos, normalmente el fulano termina con otra y ella se queda sola y desconsolada. Habiendo, además, desperdiciado los mejores años de su vida detrás de una quimera.

Bueno, ella dirá alguna excusa del tipo “no es tiempo perdido si se ama de verdad” o “he sido feliz, a mi manera” ¡Pamplinas! Son excusas y es mejor desengañarla cuanto ante mejor. Porque el virus romántico puede reinfectar a la misma persona varias veces en su vida. Pero el pensamiento crítico puede ir bloqueando vías de entrada. Sería interesante no tropezar dos o más veces con la misma piedra.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Pagafantas

La película de Borja Cobeaga, protagonizada por Gorka Otxoa (el dentista de “Cuestión de sexo” y la actriz argentina Sabrina Garciarena, me viene genial para hablar de uno de los síntomas más característicos de la infección romántica: La perdida del contacto con la realidad.



El individuo – en este caso hablo en masculino a propósito, ya veréis porqué – se fija en una chica y decide seducirla. Pero en lugar de usar las técnicas ad oc para tal fin elige hacerse su amigo. O mejor dicho: Se comporta de tal forma que la interdicta únicamente puede verlo como un amigo, un amigo y nada más.

Por desgracia en nuestra sociedad la amistad y el Erotismo están reñidos. Al menos en las primeras fases del encuentro. Nadie se acuesta con su amigo, puede que se hagan amigos después de acostarse y decidan continuar teniendo relaciones, pero es muy raro el proceso contrario. Pero esta temática es más apropiada para erotismogastronomico, ahora quiero centrarme en la figura del pagafantas, verdadero objeto de este post.




El pagafantas va más allá del típico panoli. Niega la realidad, intuye por donde van los tiros pero prefiere persistir en su error. El pagafantismo podría definirse como una cronificación del panolismo. Uno puede hacer el panoli una vez, no hay nada malo en ello, pero cuando decide perder un año o más siguiendo un imposible podemos ya hablar de patología. Y me temo que detrás de esta patología está nuestro amiguito el virus romántico, es uno de sus modus operandi predilecto. El chico se fija en una chica inasequible para él y se enamora de ella. Hasta aquí todo correcto, a todos nos ha pasado.

Pero con esto no basta para convertirse en un pagafantas. Es necesaria la intervención del virus romántico para desactivar todas las defensas del sentido común. Si la chica elegida por el candidato a pagafantas no es una buena persona y no hace nada para desengañarlo, puede disfrutar de un criado gratuito por mucho tiempo.

Normalmente se hace hincapié sobre la chica en cuestión. Se la considera una aprovechada y una gorrona, pero a veces se requeriría de una bondad angélica para despreciar una fuente de autoestima gratuita y casi inagotable.

Tenemos una visión demasiado indulgente hacia las locuras que se hacen para conseguir el amor de una persona. En otros aspectos de la vida no somos, ni de lejos, tan comprensivos. Por eso cargamos toda la responsabilidad en la chica, por eso y por la natural tendencia a considera a las mujeres como fuente de todos los problemas masculinos.

Pero el verdadero culpable de todo es el virus romántico. Él está detrás de la suspensión del juicio crítico y de la pésima percepción de la realidad. Instala su software generador de esperanzas infundadas y todo gesto, acto o palabra es interpretado por el sujeto infectado como una prueba de amor. A la vez introduce un sistema de inhibición del comportamiento agresivo impidiendo así cualquier paso o proposición más allá de los límites de la amistad asexual.

El pagafantas puede quedar en este estado mucho tiempo y perder muchas oportunidades. Quizá tenga alguna aventurilla erótica – en los casos más extremos ni eso – pero sin vincularse, su corazón pertenece a esa chica. Chica cuyo interés en tener una relación sentimental con él es negativo. Sí, lo habéis entendido, negativo. Por debajo de cero. Porque si alguna vez siente la más mínima inclinación a transformar en romance esa “bella amistad” se reprimirá en aras de conservarla.

¿Qué puede hacer el pagafantas? Y, sobre todo ¿Qué puede hacer su entorno? Todo individuo afectado por un ataque agudo de romanticismo es prácticamente incapaz de tener cura de si mismo. Quizá un ataque de lucidez pueda devolverlo a la normalidad. Pero estos son más bien escasos.

Los amigos, compañeros y familiares pueden ser de gran ayuda. Las collejas morales – y a veces físicas- pueden ayudar, también las reflexiones y los razonamientos. Eso sí, aconsejo armarse de santa paciencia, el individuo atiende muy poco a razones. Muchas veces tendremos que asistir a patéticas explicaciones sobre gestos, miradas, pistas en definitiva. Lo importante es ser constante, no dar el brazo a torcer. La infección romántica sufre altibajos, si pillamos al virus en una fase poco activa quizá podamos introducir algo de sentido común. Es difícil, pero hay que intentarlo.

El pagafantas termina curándose. La realidad es tozuda y ya sea porque la chica se empareja con otro, porque la chica lo desengaña o porque se desengaña el solito, el individuo desiste en su actitud.

Tiene entonces una oportunidad de deshacerse del virus romántico, cuanto menos de inactivarlo por una temporada. Y de darse cuenta que no se puede, por desgracia, conseguir el amor de una mujer a través de su amistad. Que eso sólo ocurre en las películas. Es por su carácter excepcional por lo que forman parte de argumentos cinematográficos. Es muy raro ver la normalidad reflejada en la gran pantalla.

Las cosas deberían ser diferentes, pero no lo son. La amistad con una chica es una vía muerta. Si queremos llegar a su cama debemos escoger otros caminos. Después si imprescindible buscar la amistad. Pero antes nanai.




Por cierto, como ya he advertido más arriba, he asignado el sexo masculino al pagafantas. No conozco ninguna mujer pagafantas, al menos en el ambiente heterosexual. Quizá exista alguna pagafantas lesbiana, lo desconozco. Sin embargo estoy dispuesto a enmendar el error, si lo hubiere, en cualquier momento. Lo más cercano al pagafantas en el sexo femenino es la concubina, pero de ella hablaré en otro post.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Se me olvidó otra vez

Estamos ante un claro caso de parálisis inducida por la infección romántica. El individuo ha entrado en un profundo estado de alelismo patético y ha decidido tirar su vida por la cloaca. Porque sólo de desperdicio por la propia existencia puede explicarse semejante  actitud.
Una de las formas de afectación de la mente por parte del virus romántico es la promoción del pensamiento obsesivo. La perseverancia es buena, nadie lo niega, pero la perseverancia en objetivos inútiles o ilusorios es locura.
El amor es una relación basada en el apego mutuo entre dos personas. Mutuo, mutuo ¡Mutuo! A ver si nos enteramos. Si una de las dos no tiene interés no es amor. Es patetismo obsesivo, pero no amor.
Pero analicemos la canción estrofa por estrofa. Porque tiene miga.

Probablemente ya
De mí te has olvidado
Y mientras tanto yo
Te seguiré esperando


El individuo ve, hasta cierto punto, la realidad. Conoce el olvido al que la otra persona lo ha relegado. Pero lejos de pasar página y buscar una sustituta, opta por la peor de las estrategias: Esperar.
¿Esperar a qué? ¡Atontao! Si sabes que pasa de ti. Y además lo dice como un mérito. Soy el supermártir del amor. Soy capaz de todo por amor. Incluso a hacer el  ridículo más espantoso por nada.

No me he querido ir
Para ver si algún día
Que tu quieras volver
Me encuentres todavía



Y además es un mártir sumiso y sin dignidad. Al virus romántico le encanta dejar a la gente sin dignidad. Algunas personas consideran hermosa esta forma de comportarse. Yo, francamente, no le veo la belleza por ningún lado.

Por eso aun estoy
En el lugar de siempre
En la misma ciudad
Y con la misma gente


Sí. Con unas personas que deben ya estar hasta la coronilla de que les pegues el coñazo. Porque el individuo infectado de vuelve melancólico y, no contento con su desgracia pretende extenderla a base de hablar y hablar y volver a hablar de su desgracia. No lo consigue, pero es muy pesado.

Para que tú al volver
No encuentres nada extraño
Y seas como ayer
Y nunca más dejarnos



Además de patético nuestro héroe - o heroína-  romántico es un iluso ¿Qué le hace creer en que aquel que lo abandonó se va a quedar para siempre? Inútil es decirle al panoli este que nada puede ser como antes porque, entre otras cosas, las personas cambian. Pero, en fin, seguramente hacerle estas reflexiones a una persona en semejante estado de alucine mental debe ser como tirar margaritas a los cerdos.

Probablemente estoy
Pidiendo demasiado
Se me olvidaba que
Ya habíamos terminado

Que nunca volverás
Que nunca me quisiste
Se me olvido otra vez
Que solo yo te quise


Al final parece tener algo de lucidez y se da cuenta del problema: Lo han dejado. Es evidente que esta situación no le gusta en absoluto, pero en lugar de hacer algo para solucionarla se queda parado esperando un milagro.
Hasta ahora habíamos visto como el virus romántico movilizaba las energías del individuo hacia la consecución de objetivos inútiles e incluso perjudiciales. Este caso representa otro efecto nefasto: La parálisis vital. Cuando la realidad se impone a la mente infectada, detiene toda actividad autoconvencida de la segura intervención de algún poder mágico que solucionará el problema. En este caso el o la panoli se queda esperando la acción mágica del amor.
Pero esta no llegará, entre otras cosas por lo que dice la última frase “solo yo te quise”. No era una relación de amor, era de dependencia. Si nunca hubo interés de verdad porque lo iba a haber ahora.
No ha sido mi intención destrozar una bonita canción, sino introducir un poco de crítica para desenmascarar la acción corrosiva del virus. A mí personalmente siempre me ha gustado y continuará gustándome. Es una buena canción pero tiene efectos secundarios. Conociéndolos y  sobre todo, combatiéndolos con el humor y la crítica, podemos estar tranquilos y disfrutar de ella sin peligro. 

sábado, 21 de noviembre de 2009

La conspiración del Universo



"Cuando una persona desea realmente algo, el Universo entero conspira para que pueda realizar su sueño. Basta con aprender a escuchar los dictados del corazón y a descifrar un lenguaje que está más allá de las palabras, el que muestra aquello que los ojos no pueden ver. " Paulo Coelho

Confieso que tras leer por primera vez este párrafo se me escapó un leve Mmmm… Pero no era una onomatopeya fruto de mi mente absorta ante la sabiduría de tan excelsas palabras, se trataba de un acrónimo. Un acrónimo de “Menuda memez más mema”. Y no incorporo otra palabra que empieza también por M porque soy educado. Pero una cosa es la educación y otra el pasotismo. Y sería imperdonable por mi parte no criticar tamaña sarta de tonterías.
Vamos a ver si crecemos un poco y empezamos a ver la realidad como es. Esta visión del Universo como cómplice de nuestros deseos cuando estos son muy intensos es de un infantilismo atroz. Sólo un cerebro triturado por la acción del virus romántico puede llegar a idear semejante majadería.
No se habéis tenido la oportunidad de hablar con alguna persona que haya logrado algún objetivo en su vida: Crear una empresa, un viaje, una escalada, un campeonato o simplemente salir con la persona de la que estaba enamorada. Pero si lo hacéis algún día, estoy seguro en un noventa por ciento que no os trasmitirán precisamente esta idea. La inmensa mayoría tiene la impresión de todo lo contrario.
Si de algo puede estar uno seguro es que el Universo se conjura para poner todo tipo de pegas a cualquier proyecto ideado por un ser humano. Sólo la constancia y la voluntad son capaces de vencer esa resistencia. Y muchas veces incluso manteniendo una férrea voluntad el único premio es el fracaso.
La segunda parte, la de “los dictados” del corazón es aún peor. Porque uno puede llegar a pensar en la primera frase como en una forma de animar a la gente. “Sigue insistiendo, porque en tu esfuerzo encontrarás la recompensa”. Sin embargo todo se estropea cuando hace una apología del Romanticismo en su forma más perniciosa.
Si algo asegura el fracaso en cualquier empresa humana es el atender únicamente a los consejos de la emoción. Porque la emoción busca siempre resultados a corto plazo. Te insta a cumplir con el deseo por encima de todo, incluidos tus valores. Es, por lo tanto, un muy mal consejo decirle a las personas que sigan los dictados del corazón.
El “New Age”, producto de las mentes resacosas de hippies y demás experimentadores de los años sesenta, es una corriente de pensamiento – si se puede calificar de tal – que combina la visión de mundo con un sentimentalismo exacerbado. Exactamente la misma visión de los románticos.
Para estos “pensadores” si uno no pone nunca en duda sus sentimientos consigue el éxito en la vida. Porque el Universo, un ser inteligente y bonachón, es partidario de la gente irreflexiva que toma decisiones dejándose llevar por la pasión y sin atender a razones.
Debemos vacunarnos ante estas influencias. Por supuesto está muy bien perseguir un sueño, pero no cualquiera. Creo que la mayoría hubiera estado muy agradecida a la persona que hubiera convencido a Adolf Hitler de no seguir su sueño de  “La Gran Alemania”. Tampoco admiraremos a un amigo que quiera convertir en realidad el sueño de examinarse sus propias entrañas abriéndose la panza con un cuchillo. Vamos, yo quisiera tener amigos que me lo quitaran de la cabeza.
Vuelvo a insistir e insistiré hasta hacerme pesado. Debemos someter a crítica cualquier emoción o sentimiento. Porque por algo nos ha dotado la Evolución de unos bonitos hemisferios cerebrales, sería una pena desperdiciarlos. “Ir donde el corazón te lleve” puede ser una mala estrategia porque el corazón puede llevarte a la muerte o peor: A dedicar toda tu vida a conseguir un objetivo inútil.

lunes, 26 de octubre de 2009

Cariño y Romanticismo

¿Quién no ha oído en algún momento la expresión: Qué poco romántico eres? La escribo en masculino porque son las mujeres las más quejosas en este sentido, pero también hay hombres que lamentan esta carencia de sus parejas.
¿Es correcta la expresión? ¿Realmente estas personas querrían vivir con un ser romántico? Creo que no.
Lo que la cultura popular denomina como romántico es en realidad el conjunto de actitudes y comportamientos encaminados a demostrar aprecio o amor a una persona. Algo natural y deseable en todas las relaciones humanas, pero imprescindible cuando estas son íntimas.
El problema es, como siempre, nuestro querido enemigo el virus romántico. En su propósito de confundir al máximo la mente racional de las personas, las hace percibir cualquier manifestación de cariño o afecto con una promesa de amor eterno. De esta manera idiotiza de tal forma al individuo que este va por el mundo viendo amores inmortales en cada sonrisa, en cada gesto amistoso y en cada palabra agradable.
Y si produce estas reacciones tan extremas ante demostraciones tan poco efusivas, no es difícil imaginar los efectos devastadores de una noche loca. Por eso muchas personas pierden la cabeza y la dignidad cuando, según ellas, inician una “bonita historia de amor” tras echar un polvo y, a veces, incluso antes.
Pero el virus romántico tiene otro efecto igualmente negativo: Crea resistencias. Los individuos no infectados o con el virus bajo control observan esas reacciones con estupor y se blindan. No es de extrañar que una persona expuesta a dos o tres reacciones exageradas vaya con mucho cuidado en demostrar cierto tipo de sentimientos. Sobre todo porque normalmente la gente lleva mal el ver sufrir a los demás, si para mayor INRI la culpan de ese sufrimiento la experiencia es aún peor.
Como este blog intenta encontrar formas de combatir al virus o, como mínimo sus efectos, propondré algunas estrategias. Depende cada uno seguirlas o no.

Para el grupo de los sanos resistentes

Si usted tiene dificultades para demostrar cariño por esta causa intente desbloquearse. Usted no es responsable de las reacciones exageradas de la otra persona. Como ya he dicho antes demostrar ternura no conlleva ningún tipo de compromiso. Usted seguramente le habrá acariciado el pelo a un niño o le habrá hecho monerías, pero no por eso se considera su padre.
En algunas ocasiones, más de las deseables, este bloqueo continúa incluso cuando ya se ha establecido una relación amorosa. Es una lástima, porque el cariño y la ternura hacen más llevadera esa cruz que Orcar Wilde decía que era el matrimonio. (Tan pesada que a veces era necesario llevarla entre tres).

Para el grupo de los infectados

Si usted tiende a ver relaciones eternas donde no las hay, a considerar todos sus ex amantes como personas execrables y manipuladoras porque no quisieron comprometerse para toda la vida la primera noche o cree que la vida es injusta porque está llena de personas incapaces de sentir pasión infinita desde el momento de conocerse o incluso antes, seguramente está infectada.
No pasa nada. Salvo en casos muy excepcionales el daño es reversible. Su cerebro es perfectamente capaz de reparar las averías, sólo debe recurrir a su razocinio y analizar el problema desde otra perspectiva.
El amor, el de verdad, llega con el tiempo. Las películas de Hollywood son eso, películas. Ninguna de las personas que han tenido una relación amorosa toda su vida llegó, si quiera, a imaginar al principio cuanto iba a durar.
Relájese y disfrute de la vida. Es difícil, lo se, pero con esfuerzo seguramente lo logrará. Las primeras embestidas son las más difíciles, las ideas parecen brotar de no se sabe dónde y colonizan la cabeza poco a poco. Es este el momento de parar, respirar profundo y pensar: Si ni siquiera lo conozco. Frene las expectativas y trátelas como lo que son, cuentos de la lechera.
Es cuestión de paciencia, con el tiempo tendrá menos razones para pensar “Ni siquiera lo conozco”, será entonces cuando podrá decir que ha empezado a querer a la otra persona.
El amor es un conjunto de sentimientos. Y como todos los sentimientos tienen una parte emocional pero otra intelectual. La emoción pura, tan valorada actualmente, no lleva a nada. Si no le pone contenido es muy fácil de caer en el Romanticismo y acabar haciendo el ridículo, o algo peor.

He escrito esto con cariño y para quitar hierro al asunto. Si alguien se ha visto reflejado, por favor que no se enfade. A veces una mirada irónica puede ser el mejor de los regalos.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Virus residente

En cuanto el cuerpo detecta la presencia de un agente infeccioso el Sistema Inmunitario pone en marcha su maquinaria con el objetivo de eliminar la amenaza. Normalmente lo consigue, pero en determinadas ocasiones tan sólo logra mantener el enemigo a ralla.
Algunos virus, como el causante del herpes labial, permanecen en este estado toda la vida del individuo. Son virus residentes, pueden estar meses e incluso años sin producir ningún síntoma. Cuando ocurre una bajada de defensas – Fruto del estrés, por ejemplo - el “prisionero” se expande de forma local y breve si la bajada es circunstancial o por todo el organismo si es permanente.
Lo mismo ocurre con nuestros virus mentales. Durante la infancia colonizan el cerebro. Después, al desarrollarse la capacidad de crítica se van atenuando. Llega un momento, cuando tenemos una cierta edad, en que si la educación recibida ha sido la correcta el virus queda atenuado. Pero atenuado no quiere decir exterminado. Continúa estando, latente, esperando la caída de la defensa racional.
En dos post del 2007, concretamente:

http://antiromantica.blogspot.com/2007/05/variedad-patriarcal-primera-pandemia.html

http://antiromantica.blogspot.com/2007/06/variedad-patriarcal-segunda-pandemia_04.html

hablé de dos pandemias producidas por la variedad patriarcal del virus romántico. He de reconocer que estaba equivocado. Mi propia observación y la lectura de “La conjura de los machos” de Ambrosio García leal http://www.erotonomia.com/bibliografia/libros/laconjuradelosmachos.html me ha hecho llegar a la conclusión de que estamos delante de una especie, no de una variedad.
Al mezclarse los síntomas dando lugar a comportamientos por un lado estúpidos y por otro claramente machistas, me daba la impresión de estar frente a una variante. Ahora debo revisar mi argumento. La ciencia es así.
El virus patriarcal fue descrito por este autor en 2005. Se trata de un virus mental altamente infectivo cuyo efecto más pernicioso es activar el deseo enfermizo de controlar la sexualidad femenina con el único propósito de asegurar que la descendencia de su pareja es suya y sólo suya. Tiene su origen en un momento de la Evolución, concretamente cuando el macho humano relaciona coito con reproducción.
Este virus embotó la mente de hombres y mujeres dando lugar a una sociedad machista donde las hembras pasaron a ser propiedad de sus maridos, padres o dioses, dejando algunas para disfrute público: Las prostitutas.
Hasta bien entrado el siglo XIX no empezaron los individuos de nuestra especie a liberarse de esta infección. Desarrollando argumentos filosóficos y políticos consiguieron atenuar, que no eliminar este virus de sus mentes. En la actualidad, aunque no todas las personas consiguen dominarlo, existen más y mejores defensas contra el virus patriarcal.
Pero todas estas defensas flaquean cuando del individuo sufre la infección romántica. El sistema de crítica racional se ve afectado de forma muy notable, tanto que a veces se suspende el juicio.
La bajada de defensas racionales deja al virus patriarcal vía libre para volver a colonizar la mente. Se manifiestan entonces ideas y sentimientos de corte machista que antes ni siquiera se nos ocurrían.
Es muy frecuente ver comportamientos machistas en los individuos infectados por el virus romántico, tanto da si son hombres o mujeres. Se dan transformaciones ciertamente asombrosas. La mujer independiente y concienciada, segura de si misma se vuelve, de golpe y porrazo, en un monigote en manos de un chulopiscinas. El hombre liberal, tolerante e igualitario pasa a ser un “Otello” y ve cuernos por todos lados. Pero el filtro romántico evita cualquier juicio crítico y lo vemos como una bonita prueba de que están enamorados.
Y esto son banalidades al lado de las consecuencias realmente serias de este patógeno. Porque la enclaustración de las mujeres, el maltrato o el asesinato por celos tienen su origen en la educación patriarcal. Y esa educación la hemos recibido todos y todas. Un conjunto de ideas tóxicas de efectos letales para las relaciones entre las personas.
No todo el mundo responde de la misma manera. Si el sistema racional de crítica no ha quedado muy afectado, la mente puede volver a tener el dominio de la situación. Si consigue actuar a tiempo la infección se vuelve benigna, el virus vuelve al redil y el cerebro puede ya discurrir correctamente.
No existe cura contra la estas infecciones, o al menos yo no la conozco. Pero sí podemos reforzar nuestras defensas practicando una profilaxis a base de crítica y sentido del humor.
Humor, mucho humor. Es una de las claves. Tanto al virus romántico como al virus patriarcal les sienta muy mal el sentido del humor. Porque el humor desdramatiza, le quita trascendencia a las cosas y convierte a los mitos en cosas terrenales. Y la mitología es uno de los pilares del Romanticismo.
No se puede uno fiar de las cosas que no admiten una mirada humorística. Seguro que llevan gato encerrado. Reírse de comportamientos, frases, pensamientos o ideas románticas es una forma bastante eficaz de protegerse.

sábado, 12 de septiembre de 2009

La Romantización del amor

Uno de los puntos débiles de nuestra defensa contra el virus romántico nuestra equivocada concepción del Amor.
Antes de la irrupción del Romanticismo en la cultura europea el Amor era por un lado un ideal religioso y por otro un estadio al que se llegaba tras una relación de muchos años. Contrariamente a lo que muestran las películas de Hollywood, los miembros de matrimonios de conveniencia llegaban a establecer lazos de afecto muy fuertes, pese haber sido forzados al enlace.
La inmensa mayoría de las bodas eran acordadas, acordadas por las familias. Se encerraba así a dos personas en una institución para toda la vida, algo totalmente injusto.
No se si es natural o aprendido, pero los miembros de la especie humana tienen tendencia a buscar maneras de violar las normas sociales injustas. El adulterio, el rapto y la huída eran formas de enfrentarse a esta imposición.
Como el discurso sobre los derechos y la igualdad entre las personas no estaba muy desarrollado se recurrió a un diosecillo grecoromano llamado Cupido o Eros. Si un joven huía con una chica para no obedecer el mandato familiar este recurría frecuentemente a la pasión arrebatadora. También lo hacia el casanova de turno o la seducida, el marido o la esposa infiel, el sirviente que se relacionaba con la señora, el amo que tenía relaciones con la esclava, etc. Todos decían: “Me he enamorado” y se sentían aliviados.
Excepto en el caso de los cínicos esto era un proceso inconsciente, una especie de acuerdo social en plan “hecha la ley hecha la trampa”. En realidad estaban reclamando su derecho a emparejarse (o no) con quien les diera la gana, sin interferencia familiar alguna.
Poco a poco la norma social se fue aflojando. El “enamoramiento” corroía el férreo control paterno y social sobre la sexualidad de las personas. Algunos historiadores llegan a afirmar que una chica del siglo XVIII, pese a su educación estrictamente religiosa, tenía seguramente una sexualidad menos condicionada que una de principios del siglo XX. Para no hablar de una duquesa o una marquesa.
El dieciocho de Brumario de 1799 Napoleón Bonaparte daba por clausurada la Revolución Francesa. Con este golpe de estado se paraba en seco el progreso en derechos de las personas por un largo periodo de tiempo. Una ocasión propicia para la infección romántica.
Efectivamente, a partir de esta fecha empezó en Europa la primera pandemia de romanticismo. La suspensión de la crítica, la vuelta a las supersticiones y la fabricación de ideales inútiles marcaron la época.
Es en este período histórico donde se encuentra el origen de error. Faltos de ideales progresistas en los que gastar sus energías, millones de jóvenes se vieron a impulsados a buscar el amor a través del enamoramiento. La pasión, antes excusa para un cierto libertinaje, se convirtió en fundamento de la pareja. Los matrimonios de conveniencia empezaron a decaer ¡Los jóvenes se querían casar enamorados!
El virus romántico lo había logrado. A partir de entonces empezó a cundir la creencia según la cual la pareja debía durar lo que durara la fase de enamoramiento. La fuerza de este pensamiento provocó un ajuste en el sistema matrimonial. Se introdujo el divorcio para evitar desastres mayores como suicidios o asesinatos “por amor”. Hasta entonces las interferencias exteriores en la pareja se habían zanjado con amantes sin afectar a la duración del matrimonio.
Actualmente saludamos la concepción romántica del amor y la vemos como un logro del progreso social. Además, para colmo de despropósitos, hemos convertido al Erotismo en el pegamento mágico de la pareja. Tenemos fobia a las relaciones desapasionadas, en cuanto sentimos decaer el enamoramiento cortamos.
Es hora de darse cuenta de que la relación amorosa se apoya en la comprensión, el cuidado, el refuerzo de la autoestima, la empatía, el conocimiento mutuo, el reconocimiento de la igualdad y la autonomía personal (también en materia erótica). El Erotismo puede estar o no, pero no es en absoluto una pieza clave sin la cual se desmonta la pareja.
Es evidente que los miembros muchas parejas (o tríos o grupos) necesitan terapia, pero terapia contra el virus romántico. Tratar críticamente esta idea tan lamentable puede ayudar mucho a la felicidad individual. Una vez desaparecido el parásito mental seguro que la vida les parece más fácil.

jueves, 27 de agosto de 2009

Los candados del Puente Milvio


El virus romántico es capaz de transformar cualquier memez en un acto virtuoso. Si además la acción es inútil, peligrosa o perniciosa para el medio ambiente, mejor que mejor.
Este sin duda el caso de una bonita costumbre iniciada por un escritor de novelas altamente edulcoradas. Estoy hablando de Federico Moccia.
En su novela “Tengo ganas de Ti” los protagonistas sellan su amor (supuestamente para toda la eternidad) poniendo sus iniciales a un candado y poniendo dicho cando en el tercer farol del Puente Milvio, en Roma.
Federico Moccia decidió iniciar la moda imitando a los personajes de su libro. Como un cruel doctor Muerte cualquiera introdujo una mutación en el virus y este se diseminó de forma espectacular. Consecuencia: un monumento histórico del Patrimonio Nacioal Italiano víctima del vandalismo romántico. Miles de candados cuelgan del citado farol que ya ha caído un par de veces.

Estas cosas ocurren, actos incívicos en masa como las micciones nocturnas del barrio del Raval en Barcelona son un ejemplo. Pero lo realmente distintivo en este caso es la falta de crítica por parte del público en general.
Si una banda de punkis decidiera poner de manifiesto su admiración por algún cantante colgando imperdibles y cadenas del monumento a Giuseppe Manzini, una ola de indignación ciudadana se levantaría pidiendo la restitución de la dignidad de uno de los padres de la patria italiana. Pero como se hace en nombre del amor todos exclamamos: ¡Que bonito!
Y luego está el simbolismo ¿Qué es esto de simbolizar la pareja con un candado? Las relaciones entre las personas que se quieren deben basarse en la libertad de romper en cualquier momento. De otra forma no pueden considerarse relaciones amorosas.
Ya hemos visto los efectos sobre el pensamiento crítico de la infección romántica. Con la suspensión, esperemos que temporal i reversible, del juicio emergen aquellos tópicos inoculados en nuestra mente por la educación. Y en nuestra cultura, no lo olvidemos, la pareja se considera como un ente cerrado y eterno, aún resuena en nuestra mente el “hasta que la muerte los separe”.
Como siempre, el mejor remedio contra este nefasto virus es el espíritu crítico y el humor. Mucho humor, que no falte. Por favor, no os toméis estas cosas en serio.

viernes, 21 de agosto de 2009

Shakira



El último vídeo de Shakira ha producido un cierto revuelo entre el público en general. Las mentes bienpensantes de este país lo encuentran demasiado subido de tono. Algo bastante sorprendente porque los videos de la cantante acostumbran a tener un alto tono erótico.
¿Qué tiene este de especial? Me temo que la diferencia no está en la estética del vídeo, los movimientos sensuales de la artista o el body de color carne que insinúa desnudez. Creo que el problema está en la letra.
A los machitos de este país no les gustaba una Sahkira arrastrándose por el fango cantando “Contigo mi vida quiero vivir la vida” o diciendo a los cuatro vientos “Yo me propongo ser de ti”. Ahora deben haberse queda un poco pasmados con una estrofa como esta:
“Por fin he encontrado un remedio infalible que borre del todo la culpaNo pienso quedarme a tu lado mirando la tele y oyendo disculpasla vida me ha dado un hambre voraz y tu apenas me das caramelosMe voy con mis piernas y mi juventud por ahí aunque te maten los celos.”
O como esta:
“Llevo conmigo un radar especial para localizar solterosSi acaso me meto en aprietos también llevo el número de los bomberosni tipos muy lindos ni divos ni niños ricos yo se lo que quieropasarla muy bien y portarme muy mal en los brazos de algún caballero”
Hasta ahora en las canciones, al menos las más famosas, la chica se mostraba sexy pero pasiva, preocupada por conseguir el amor de un caballero, o a disposición del destino. En esta canción las cosas cambian. Resulta que la señora decide salir a buscar lo que no le dan en casa. Sin culpa ni remordimientos, sin esconderse, con la cara alta. Esto si es una verdadera trasgresión. Esto si le rompe los esquemas a más de uno.
Y es que el virus romántico nos tiene la cabeza comida con bellas durmientes a la espera de un caballero que las despierte. Como ya he dicho en otras entradas de este blog el romanticismo enreda los pensamientos y suspende el pensamiento crítico. De esta manera las ideas “de toda la vida” pueden permanecer en la mente de las personas sin peligro a ser sustituidas por otras de progresistas.
Este caso me recuerda el escándalo provocado por el vídeo de Pereza titulado “Margot” donde una chica tenía un encuentro íntimo con su vibrador. El problema no era el onanismo en si, era la visión de una chica pasándoselo muy bien sin la compañía de un caballero, por iniciativa propia y sin dar lástima. Vídeo que no os puedo insertar porque no deja Youtube, si fuera de un tío destripando a otro seguro que no habría tanto problema. Os dejo el link, espero que funcione. http://www.youtube.com/watch?v=JXEj8CfhWvk
Me alegra mucho que Shakira haya sacado una canción que produzca estos sentimientos, es una buena oportunidad para que los hombres reaccionemos y dejemos atrás prejuicios sexistas. Los inteligentes lo harán, los ceporros deberán esperar a otra oportunidad.
Por último quisiera decir que existen hombres (entre ellos me incluyo) capaces de aceptar que una señora tome la iniciativa sin por ello sentirnos en absoluto atacados en nuestra masculinidad. Todo lo contrario, es un alivio porque estar todo el día con la lanza en ristre salvando blancanieves es agotador.